Vulnerabilidades haitianas en espiral tras sismo
Por: Enrique Torres, enviado especial

Puerto Príncipe, 17 feb (PL) Los desvelos ante la venidera temporada de lluvia se acrecientan en Haití, ante el temor de miles de damnificados por el sismo que permanecen vulnerables a caprichos de la naturaleza y a las penurias que padece el país.

Pese a las acciones emprendidas por las autoridades para mitigar el efecto de las aguas sobre los improvisados asentamientos, la realidad es que despejar la urbe de las montañas de escombros tomará al menos tres años, si es que los recursos necesarios para ello fluyen y no se esfuman con el paso del tiempo.

De los cerca de 600 campamentos que florecieron en Puerto Príncipe y zonas aledañas tras el sismo, una buena parte de ellos son verdaderas ratoneras ante la llegada de las lluvias, ya que están ubicados en terrenos de escaso drenaje, incluso, algunos tienen hasta estructura de embalse, como un terreno de fútbol ocupado por decenas de familias en Petion Ville.

Preocupante es también la situación de casi 11 mil refugiados en lo que fuera la escuela secundaria Saint Louis Gonzaga, según expresa la coordinadora del campamento, Elvire Constant.

De acuerdo con la activista, si bien Organizaciones No Gubernamentales contribuyeron con casas de campaña para una parte de las familias allí acogidas, muchas otras continúan sólo protegidas por sábanas y nylon.

En la escuela, varias edificaciones quedaron con fisuras, y la propia estructura del plantel, con espacios ubicados en zonas bajas, muestra condiciones favorables para las inundaciones.

Constant dijo que hay consciencia del peligro, y que las autoridades le habían prometido el traslado del asentamiento para los jardines de la oficina del primer ministro, Jean-Max Bellerive, quien abrió las puertas de la mansión a los damnificados luego del terremoto.

Sin embargo, en la pequeña colina parece que no hay cabida para más personas, pues el césped es ya imperceptible, cubierto por una nube de carpas y toldos. El palacio del jefe de gobierno está clausurado por peligro de derrumbe.

«Parece que de este campamento se han olvidado, teníamos que desplazarnos de aquí para otro lugar, y pensamos que por esa razón se nos ha dado menos atención», señaló Constant.

Denunció que la situación en el asentamiento es dramática, con serios problemas para garantizar la alimentación de los refugiados y con un evidente incremento de la violencia.

«La gente no tiene recursos, y muchas mujeres han optado por vender su cuerpo a cambio de dinero», manifestó con preocupación Constant, quien antes del terremoto era una activista contra la violencia, el maltrato a las féminas y el VIH.

En el campamento no hay energía eléctrica, y la atención de salud no está en manos de nadie.

Cuenta Constant que recurrió a varios medios de comunicación para que se difundiera la difícil situación de esa comunidad, en particular la necesidad de vacunar a los pobladores ante la posible proliferación de enfermedades.

Ninguna respuesta llegó de los grupos de ayuda humanitaria. Fue la misión médica cubana la que envió un grupo de colaboradores, que inmunizó a la población contra el tifus, la tos ferina y la difteria.

La noche de este martes llovió en Puerto Príncipe. No fue un gran aguacero, pero las miles de personas que carecen de viviendas fuertes o casas de campaña se mojaron, o sintieron el agua a sus pies, como preludio de lo que se avecina.

Las lluvias, sin embargo, serán una bendición para la agricultura haitiana, tan necesaria en medio de la acentuada crisis alimentaria del país.

Durante los últimos 20 años Haití ha dependido de las importaciones de alimentos, aunque cerca del 80 por ciento de la población trabaja en la agricultura, pero no cuenta con los conocimientos ni los recursos necesarios.

La Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) informó el martes que solo ha recaudado el ocho por ciento de la suma solicitada para el campo en la nación caribeña.

El director