La ex secretaria de Estado de EEUU diseña en Moscú el futuro de la OTAN
Por: Dmitri Kosirev,
RIA Novosti

La Organización del Tratado del Atlántico Norte, la OTAN, es del género femenino, y en concordancia con las reglas de la gramática rusa, la Alianza ha enviado a Moscú a su vertiente más femenina, en la persona de la ex secretaria de Estado de EEUU, Madeleine Albright, bien conocida en Rusia, para discutir la nueva estrategia de la OTAN en una reunión informal.

Albright y su equipo han estado en Moscú hasta hoy viernes, cumpliendo la delicada misión de tantear el límite de las relaciones entre la OTAN y Rusia. Al margen de la mandataria estadounidense, el nuevo secretario general de la OTAN, Anders Fogh Rasmussen, estuvo de visita oficial en Moscú en diciembre pasado y también se ocupó de estrechar las relaciones con Rusia. Ya durante la Conferencia internacional de Seguridad celebrada en Múnich el pasado fin de semana, donde la OTAN trataba de encontrar a muevos amigos y socios, ya se mantuvieron reuniones preparatorias para la visita de la ex secretaria de Estado de EEUU.

Sin embargo, Albright y su equipo no son una delegación habitual al uso. Se trata de personas privadas, de asesores de la Alianza, de una especie de consejo de sabios. Su misión no es sólo la diplomacia informal, que suele ser mucho más sofisticada y compleja que la diplomacia oficial. Estos sabios en la OTAN, la ONU y en otras organizaciones entran en juego cuando se prevé realizar cambios drásticos. Los sabios son precursores de reformas.

La visita de Madeleine Albright está oficialmente motivada por un documento que entró en vigor hace 11 años, que plasmaba la estrategia de la Alianza, pero que se ha quedado obsoleto. La OTAN ha estado desarrollando un nuevo acuerdo, con una nueva estrategia, y hay que aclarar los términos para describir sus relaciones con Rusia. Y no solo con ella…

Pero, en realidad, la visita de la señora Albright tiene poco que ver con ejercicios de pericia jurídica. Según las personas que han seguido de cerca sus actividades en la capital rusa, el objetivo real de su visita ha resultado ser muy diferente. El auténtico propósito de su llegada a Moscú se hizo evidente durante la reunión con el titular de Asuntos Exteriores ruso, Serguei Lavrov, y también en el curso de otras entrevistas (Albright disfrutó sobre todo de la conversación con un grupo de expertos rusos). La propia señora Albright daba pistas sobre el sentido de su misión «La OTAN hoy en día tiene más preguntas que respuestas». Es por eso que La dama de la OTAN anunciaba en casi todas sus reuniones: «estamos aquí para escucharos».

En general, la mayoría de reuniones que han venido teniendo lugar en el ámbito diplomático demuestra que no solamente la OTAN está reflexionando sobre esta cuestión, sino también los EEUU y la UE.

Mucha gente piensa que la ampliación de la Alianza fue una idea no muy afortunada, aunque sólo sea, porque ahora ya no hay más adonde ampliarse. Ahora en la Alianza deben estar preguntándose: ¿Qué hemos conseguido además de echar a perder las buenas relaciones con Rusia para mucho tiempo?

Pero, no todos los problemas de la Alianza Atlántica están relacionados con Rusia. El futuro de las relaciones con China, India y Pakistán es importante para los sabios de la OTAN, mucho más que el de Rusia, cosa que se desprende del discurso de Rasmussen en la Conferencia de Múnich. Las relaciones con los países anunciados son prioritarias, por lo menos, a raíz de la guerra en Afganistán. Unos lazos de amistad entre la OTAN y Nueva Delhi o Pekín obligarían a Moscú a pactar con la Alianza casi a cualquier precio…

En un caso o en otro, muchos representantes de la OTAN están convencidos de que tanto la propia Organización del Tratado del Atlántico Norte en concreto, como la civilización occidental en general, no tiene futuro sin una política de pactos.

De otro lado, hay «defensores», seguros de que si la Organización dispone de la fuerza, tiene tiempo suficiente para pensar sobre el futuro.

Según opinan algunos miembros del equipo de Madeleine Albright, lo más difícil en estos casos es comprender si se trata solo de un malentendido o de un problema grave.

Por ejemplo ¿por qué precisamente ahora la doctrina militar rusa sitúa a la OTAN entre las principales amenazas a su seguridad nacional? ¿Hace cinco años la situación era distinta? ¿Es una casualidad, un problema de redacción del texto?

Pero en todo caso, no es conveniente negociar intercambiándose densos legajos de muchas páginas que casi nadie lee. En la próxima cumbre de la OTAN que se celebrará en Lisboa en noviembre de este año puede ser aprobada una nueva estrategia de la alianza. En el caso de desearlo, Moscú, evidentemente, también podría encontrar motivos para estar en contra.

Pero hay que entender la etapa histórica que está atravesando Europa. Tiene algo parecido con el período de inmovilismo en la URSS, bajo el gobierno de Brezhnev. Ahora también todos se dan cuenta de que los cambios son imprescindibles, pero nadie se atreve a ser el primero en anunciarlo… En EEUU la situación es algo distinta, el presidente Obama ha planteado la urgente necesidad de reformas. Y eso que EE.UU. también es miembro de la OTAN.

También los actuales dirigentes de Rusia son conscientes de que es necesario modernizar muchos ámbitos de la vida, prueba de lo cual es el artículo del presidente Medvedev «¡Rusia, Adelante!» publicado en septiembre pasado http://sp.rian.ru/onlinenews/20090910/123050326.html. De las declaraciones Rusia ya pasa a hechos concretos. Pero toda renovación es un proceso nada fácil. La OTAN y Rusia se han embarcado en la senda de la modernización. Dos procesos paralelos. ¿Convergerán? Eso es lo que han tratado de esclarecer los sabios con Madeleine Albright al frente.

Por ironías del destino, es precisamente Albright la que se ocupa hoy de las relaciones de la OTAN con Rusia y otros socios de esta alianza. La estrategia que en su día dejó pasmados a muchos y que hoy va de camino a los archivos fue aprobada cuando esta señora desempeñaba el cargo de secretario de Estado. Nos referimos al documento, de conformidad con el cual, la OTAN dejaba de ser una organización europea político-militar y ampliaba arbitrariamente la zona de su responsabilidad más allá de los confines de Europa. Fue en la época de Albright cuando la OTAN no sólo amplió voluntariamente el área de su responsabilidad, sino que sometió a bombardeos a Yugoslavia, desgajando de este país la provincia de Kosovo. La jefa de la diplomacia estadounidense no ahorró energías para impulsar la expansión de la OTAN. La expansión, más la agresión contra Yugoslavia hicieron cambiar la actitud de Rusia hacia la alianza. Para siempre.

A título de colofón diremos que Madeleine Albright es abuela de aquella política que los actuales dirigentes de la OTAN reconocen como no muy acertada o, en el mejor de los casos, anticuada. Albright ha atesorado una rica experiencia y sabe cuán caras pueden resultar ciertas decisiones erróneas. No en vano le han encomendado elaborar las directrices para un rumbo nuevo.