Haití: desesperanza y desposeídos
Por: Enrique Torres, enviado especial

Puerto Príncipe, 8 feb (PL) La tragedia acentuada que vive Haití luego del terremoto se multiplica en los barrios más pobres de la capital, donde la desesperanza embarga a la mayoría de sus habitantes, muchos de ellos viviendo casi a la intemperie.

Cuando aquí se habla de pobreza, el primer terruño que viene a la mente es Cité Soleil, una barriada donde el sismo también hizo estragos, pero si no causó daños superiores fue precisamente porque no encontró a su paso mucho más que echar abajo.

Unas tres mil personas perdieron la vida allí cuando el temblor, y se estiman en 15 mil los heridos, a pesar de que las casas de mampostería no son las que abundan.

Decenas de casuchas de madera y zinc se desmoronaron, al igual que otras de paredes de bloque o piedra, y techadas con trozos de tejas.

En una de éstas residía Lico Pierre, un haitiano de 37 años, quien a pesar de la desesperanza en la que vive, es capaz de posar con una sonrisa en los labios para mostrarle al mundo el techo que intenta levantar, «que no le protegerá de fuertes lluvias, pero hará menos intenso el sol».

El 12 de enero último, fecha del terremoto, habían pasado sólo unos seis meses del día en que Pierre concluyó su casita en Cité Soleil, que pensaba sería para toda la vida, pues confiesa creer que sólo un milagro le daría una mejor.

Había acopiado con mucho trabajo los bloques, el cemento y otros materiales invertidos, priorizados muchas veces por encima de un mejor bocado.

Allí solo vivían él y su esposa, y por suerte ambos estaban fuera del lugar, procurando el pan de cada día. Ella ayudando a lavar en la casa de otra familia, y él en su bicicleta, ofreciendo fuerza de trabajo al primer empleador que encontrara a su paso.

Pierre estaba muy cerca de Cité Soleil durante los interminables segundos que duró el sismo. La primera reacción fue acudir en busca de su compañera, pues en ese momento no pensó en la recién construida casa.

Unas dos horas después del sismo, se aventuró a penetrar en la laberíntica favela, donde aún se podían sentir desplomes retardados.

En el área donde estaba su casa no había muchos derrumbes, los vecinos permanecían asustados y trataban de proteger sus pocas pertenencias, pero las casuchas eran las mismas.

Frente a sus ojos, según recuerda, solo faltaban tres viviendas, y una era la suya.

Terribles han sido los días que siguieron al sismo, inmerso en la disyuntiva de cuidar el espacio que ocupaba la casa y los materiales, y exponerse a las consecuencias de nuevas réplicas en aquel entretejido de estructuras endebles, a toda luz vulnerables a otras sacudidas.

Así transcurrieron más de tres semanas en la vida de Pierre, viviendo a la intemperie con su esposa, hasta que decidió seguir los pasos de muchos de sus vecinos, quienes se mudaron a un solar yermo en Cité Soleil.

Allí levantaba su nuevo techo mientras contaba esta historia a Prensa Latina, utilizando palos desnutridos y pedazos de nylon, consciente de que esa armazón poco podrá hacer para proteger al matrimonio de la venidera temporada de lluvias, pero a su alcance no hay mucho que pueda hacer.

«Todos estamos igual, mire usted a su espalda, todas las familias solo tienen esas casas, aquí no han traído casas de campaña», comentó Pierre,

Entre las ruinas, logró rescatar el bastidor, el colchón, algunas sábanas y unos pocos implementos de cocina.

Su bicicleta, un saco con artículos de diferente tipo recuperados en la basura, una carretilla y un viejo maletín con ropas raídas completan todos sus bienes.

«Y no tenemos nada que comer, no hay trabajo, no tenemos dinero para comprar nada, y aquí no llega comida, agua algunas veces, pero comida muy poca», señaló.

Las anomalías en la distribución de las ayudas sigue siendo un tema preocupante en el país, sin embargo, en el caso de Cité Soleil sus efectos negativos se regeneran, y pueden conllevar a una espiral mayor de violencia en la ya convulsa barriada, donde se estima residen unas 300 mil personas.

Doce días después del terremoto fue que sus pobladores recibieron las primeras cargas de alimentos, repartidas a punta de fusil por las fuerzas de la ONU y otros contingentes militares que operan en el país.

La violencia que ha imperado históricamente en la barriada podría ser mayor en tiempos de sismo y carencias acentuadas, si se tiene en cuenta que una buena parte de los presos que escaparon al destruirse la cárcel eran de Cité Soleil, y según las autoridades retornaron a su lugar de origen.

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