La Serie del Caribe en Margarita
Un Serio espectáculo de Discriminación Social
Por: Jorge Mier Hoffman

En el año de 1527, Margarita sería protagonista de un evento histórico con la realización de la primera corrida de toros de América, con motivo de la celebración del nacimiento de Felipe II, hijo del rey de España Carlos I.

Para celebrar el nacimiento del futuro rey de la Corona española, no se eligió a la Hispaniola de la República Dominicana donde hubo el primer encuentro de los colonizadores en el Nuevo Mundo, ni Puerto Rico con sus plantaciones de tabaco, ni a México con todas sus riquezas en oro, sino que la primera corrida de toros se organizó en Venezuela, en una pequeña isla del Caribe llamada por los guaiqueríes como Cubagua, pero riquísima en perlas.

Cubagua fue el primer centro histórico de Venezuela y el primer lugar dónde se realizó la experiencia social del español en América, donde construyó una ciudad al estilo de la metrópolis portuaria de Cádiz.

Hace 483 años, cuando imperaba la esclavitud y la condición del ser humano se medía sólo por sus riquezas, para la celebración del histórico evento, la plaza de toros fue acondicionada especialmente a la exclusión social que imponía la colonia: los ricos oligarcas ocupaban un área especialmente habilitada donde se bebía vino y se degustaban comidas exquisitas. De los lados, se ubicaron los mercaderes y corsarios, que si bien es cierto tenían como pagar, su condición social los discriminaba a no codearse con la monarquía… Y en las afueras, donde sólo se escuchaba la algarabía de la plaza y los gritos de ¡Olé! estaban los nobles guaiqueríes, los nativos de la Margarita que eran víctimas de la injustica y la esclavitud.

¡¡¡Era la barbarie!!! Pero que luego de 483 años, cuando en Venezuela se habla de Socialismo del Siglo XXI, los nativos guaiqueríes revivirán esos días de discriminación social con la celebración de la Serie del Caribe 2010

Fui de los pocos privilegiados que pudimos asistir al juego inaugural en el estadio de Guatamare, un nombre Guaiquerí, donde reviví aquellos 483 años, con una Serie de Béisbol donde participan República Dominicana, México, Puerto Rico y Venezuela:

La entrada al estadio fue humillante, sobre todo para las mujeres, que eran requisadas por hombres malhumorados que las tocaban en sus partes íntimas, en la búsqueda de algún artefacto prohibido… Pero sólo a los que pagamos entradas populares, entre comillas, ya que me costó 290 bolívares fuertes. Digo esto, porque a los que entraban al palco de los ricos, eran recibidos con un saludo y una sonrisa, para luego ser conducidos al área de los privilegidos donde estaba el Gobernador, su séquito de burócratas, empresarios y boliburgueses, que sí podían pagar los 490 bolívares fuertes que costaba cada entrada. Allí no se bebía cerveza sino whisky 18 años; se repartían suculentos pasapalos, los baños perfumados estaban atendidos por empleados uniformados; y para señalar que se trataba de un “área exclusiva”, el boleto dice con arrogancia discriminatoria BOLETO VIP “Very Important Person” que en su traducción en inglés significa “Persona Muy Importante”.

Yo que no tenía acceso añ área VIP fuertemente custodiada, me encontraba en “Sillas Numeradas” y en el intervalo busqué donde comer algo, y observé una Feria de Comida muy bien acondicionada muy limpia y con comidas diversas; pero cuál fue mi incomodidad, de que no tenía acceso a esas comidas, ya que sólo estaba reservada a los que poseían boletos VIP ¿Dónde comer? Pregunté al malhumorado guardia que me impidió entrar, para señalarme a los improvisados parrilleros que sin ningún control sanitario expedían comidas de carne, al momento que me dijo “No estoy seguro que sea carne de red”.

Más humillante para los que estábamos en sillas numeradas y mucho más para los que estaban en las gradas, es que para animar el espectáculo, se dispuso de un grupo de jóvenes muy bellas que bailaban y hacían sus rutinas sensuales, pero sólo para la tribuna de los VIP, a los cuales también las cámaras hacían sus tomas, porque fueron los únicos rostros que se mostraban en las pantallas de televisión.

Fue en ese momento en que observé a las afueras del estadio, donde estaba la gente humilde que no tenía como pagar las agotadas entradas a 20 bolívares fuertes que se revendían en más de 100, y se conformaban con escuchar la algarabía y el grito de ¡Olé! Tal cual como sus antecesores hace ya 483 años.