Quien use energía como negocio debe pagar su costo
Por: Luis Alberto Matos

“La electricidad es el alma del universo.”
John Wesley

Los medios privados opositores difunden la “crisis de electricidad a nivel nacional” como “tragedia anunciada”. En su criterio “nuestro caos diario, en tan vital energía, no es un asunto trivial y dista mucho de resolverse con planticas diesel aquí y acullá, o con bombillos ahorradores”.
Algunos incluso desechan o restan importancia a la reducción drástica de precipitaciones pluviales, provocadas por el fenómeno climático conocido como “El Niño”, aunque cuando tal síndrome ataca a países más amigos del Norte que de nosotros, entonces si claramente explican que “por ser erráticamente cíclico, sus impredecibles consecuencias modifican temperaturas y lluvias con severos daños a la economía”. En Venezuela es falla del gobierno; por allá: acción de la naturaleza.
Ocultan además que un informe del Centro de Predicciones Climáticas compara tal situación con las de 1992, 1996, 1997 y 1998, cuando la cuenca del Caroní, principal fuente de energía hidroeléctrica en nuestro país, registró caudales inferiores a su promedio histórico.
Costumbre y utilidad
Algunos estudiosos afirmaron, hace apenas cinco años, que en el mundo había más de 2.000 millones de personas sin energía eléctrica, ni siquiera con raciones mínimas. Difícilmente desde entonces haya cambiado mucho la cifra. Pero, para quienes vivimos en Venezuela, disfrutarla es tan “natural” que ni nos damos cuenta del gran esfuerzo y trabajo que cuesta producirla y transportarla, hasta nuestros hogares, en volumen y fuerza manejables y útiles.
El sistema neoliberal nos ha acostumbrado a que está allí, siempre a nuestro servicio. Apenas toco un interruptor, los bombillos me proporcionan luz. De niño nos maravillaba. Ahora es tan normal, que si no enciende de inmediato, le echo la culpa al bombillo.
Oprimo una pequeña tecla en un control remoto y suena un “click” que me anuncia que el televisor “está encendido” y pronto tendré imagen y sonido. La nevera siempre está fría y me ofrece hielo y alimentos conservados. Me baño y afeito con agua tibia; y les escribo desde un computador enchufado en un zócate. Ya no hay magia; es real. Se ha convertido en un derecho tan natural que ni lo percibo.
Si me llega a fallar, con bombillos, televisor y nevera en buen estado, debo culpar a alguien, especialmente si estoy seguro que ya pagué la factura. Y considero además que ese monto cancela con creces la energía que siempre recibo.
Economía y despilfarro
Al no estar debidamente concientizados, del costo y esfuerzo que nos permite obtenerla, pasa a ser un servicio que disponemos a nuestro antojo tanto en el hogar, como en la empresa, oficina o industria. Es tan natural que derive en despilfarro, que ni siquiera nos damos cuenta de que la malbaratamos casi constantemente.
Ejemplos sobran: desde motores encendidos siempre y luces que jamás se apagan, hasta aire acondicionado en ciudades a más de 450 metros de altura, entre valles, en el trópico, sin invierno riguroso, con vientos alisios permanentes, para personas (y me perdonan, por favor) que proceden y vivieron siempre en zonas bajas, llanos y playas, a temperaturas promedio muy superiores, por ejemplo, a Caracas y Barquisimeto. “¡Si que está haciendo calor en Caracas!”, frase aceptable a un nativo del páramo de Mucuchíes.
Y me siguen perdonando, pero hay sitios donde tienen el orgullo de “la calor”, pero gastan más aire acondicionado personal que todo el resto del país junto.
Sabemos que el despilfarro no es todo culpa del usuario final, porque hay una pérdida en la fase de distribución, del 45 por ciento, debido principalmente a malas conexiones; pero eso no debe autorizarme entonces a desperdiciarla cuando le es necesaria incluso a industrias que son de todos los venezolanos.
Cuando leemos “las economías prósperas se miden por el nivel de gasto y consumo”, seguido de noticias sobre escasez de electricidad, es fácil traducir a “gástala para que progrese el país”.
Esto ha ido más allá de la nación y de lo macro, hasta el individuo y lo micro. Ya no es mejor quien mas sepa, sino quien tenga el mejor blackberry y la camionetota más grande. Así igual en electricidad. Si tengo el aire acondicionado que mas enfría, soy el mejor. Lo único malo es que se lo estamos pagando entre todos los demás, al igual que la gasolina de su camionetota.
Consumo y crecimiento
Aunque advierten que “reducción del consumo de electricidad paralizará la economía”, ocultan que la razón del incremento de demanda de energía es precisamente el crecimiento de la economía venezolana, pujante a pesar de los ataques de la prensa opositora a las políticas económicas del Ejecutivo.
Basados en datos fidedignos y con un sistema informático que ha demostrado su eficiencia, la Agencia Internacional de Energía (IEA) pronosticó, en 2005, un incremento del 50% en los próximos 25 años.
Al respecto cabe destacar que las necesidades de energía eléctrica, en Venezuela, se duplicarán precisamente en 25 años, rango que sólo han logrado países catalogados como potencias emergentes.
Y en los últimos diez años, la proporción es aún mayor porque la demanda en Venezuela pasó en 10 años de 12.000 a 17.000 megavatios, superior al aumento de la población.
El Estado anunció inversiones superiores a mil millones de dólares en el sector, para generar hasta 4.000 megavatios adicionales y la puesta en marcha de una nueva hidroeléctrica con capacidad para 2.160 megavatios a partir de 2012.
El plan prevé una disminución del 30 por ciento del consumo y la posibilidad de sacar del sistema nacional, a los grandes centros comerciales y principales consumidores de energía, mediante la utilización de plantas eléctricas propias.
Racionamiento y razonamiento
La electricidad es uno de tantos elementos que deben pertenecer a todos. No puede entenderse ningún tipo de propiedad privada sobre la energía. Un buen razonamiento nos hace entender la necesidad del racionamiento, que, dicho sea de paso, es común en países del Norte.
Nos horrorizamos por el anuncio de un plan de racionamiento de agua para Caracas. Desconocemos, muy especialmente porque a quienes tienen el acceso a ese dato no les interesa que sus medios lo divulguen, que nuestra capital consume unos 400 litros diarios por habitante, mientras estimados de la ONU consideran ya excesivo un consumo diario de 180 litros.
Si soy empresario o industrial, considero que “el gobierno está obligado a darme electricidad”. Les pregunto ¿a cambio de qué? ¿quieres sacar cuenta del costo? ¿crees que tu pago cancela acaso la cuarta parte de tu “ración de energía”?
No me digas, por favor, que lo pagas con tus impuestos, que un día de estos empiezo a sacarte cuentas y hasta vamos a hablar de gasolina y gas, pero dejemos ese tema para otro TEMAS.
Orimulsión y bitúmenes
A nivel mundial la situación no es tan diferente como pudiera deducirse de las noticias, siempre pagadas, que pretenden inducir en la mente de todos que la demanda de energía pronto alcanzará su pico y que las fuentes renovables van a comenzar a suplantar al petróleo para motores y elecricidad. La realidad es totalmente distinta, como ellos mismos lo señalan en sus propios informes.
La IEA admite que las fuentes alternas de energía, especialmente las llamadas renovables (incluyendo su publicitado etanol, a pesar de significar menos cereales para los humanos que para los automóviles), apenas cubrirán el 10% de la demanda para el 2030.
Anticipan un crecimiento de la fuente nuclear pero sostienen, quizás muy a su pesar, que la energía fósil (petróleo, gas y carbón) impulsarán más de la mitad de los motores del mundo.
Quizás por eso, algunos aquí sugieran “resucitar el Proyecto Orimulsión, el cual, con 250 mil millones de barriles de petróleo extrapesado y bitúmenes, estaba destinado a surtir la mitad de la demanda mundial, para el 2025, estimada en 25.000 terabytes hora/año”.
jaquematos@cantv.net