¡Eh!, Obama, ¿cómo van las cosas?
Por: David Michael Green

CounterPunch

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens

Tanto el plan de reforma del sistema de salud como la presidencia del presidente Obama se van por el desagüe.


Está bien, y es justo, y es exactamente como debería ser.

Resulta que Obama es un presidente desastroso, totalmente inadecuado para los tiempos y para los desafíos nacionales y globales de EE.UU., y sus tasas de aprobación lo reflejan.

Con Obama, viene toda la adulación corporativa del último presidente demócrata, junto con una renuencia aún mayor que Clinton – ¿quién lo hubiera creído posible? – a citar nombres, mencionar enemigos, y lanzar una maldita trompada de vez en cuando. (También vemos una continuación de las políticas de derechos civiles y de libertades civiles de Dick Cheney, como un extra, pero esa es otra historia.) Lo que lo hace aún más sorprendente esta vez, sin embargo, es que hemos visto esta película antes, y sabemos cómo termina. Aparentemente no puede caer más bajo – como lo han reconfirmado los eventos de las últimas semanas – en el pozo de crueles mentiras, tácticas brutales, y trucos demoledores de la democracia que serán utilizadas por los retrógrados en su práctica de la política estadounidense contemporánea. Además de no estar preparado para ello, Barack Obama es aparentemente incapaz de elevar su voz un decibel o dos contra la gente misma que le ayuda a destruir su propia presidencia. Por cierto, está negociando acuerdos “bipartidarios” con ellos (léase: una capitulación total), incluso mientras lo ponen por los suelos ante una audiencia nacional.

¿Está tan embaucado este presidente que llega a creer que hay límites en lo que la derecha hará no sólo a la república, por lo que Obama parece tener sólo una consideración pasajera, sino también a su presidencia, por lo cual por lo menos debiera preocuparse un poco? ¿Piensa Kumbaya Kid que los retrógrados no tratarán de aniquilarlo exactamente como lo hicieron con Bill Clinton, incluso mientras se obsesionan ahora mismo con atolondradas historias conspirativas que cuestionan incluso su derecho legal a ser presidente, su propia ciudadanía? ¿Cree todavía realmente en el bipartidismo, este individuo que parece querer, más que cualquier otra cosa, que todos estén contentos y canten en el mismo tono, en el mismo momento en el que la misma gente con la que está negociando refuerza las mentiras más absurdas e incendiarias en las que alegan intenciones ancianicidas de su reforma del sistema de salud?