Crisis en Honduras: El Acuerdo de San José, acuerdo entre las elites con escasa participación ciudadana
Por: Juan Francisco Coloane

El acuerdo de San José como se la ha llamado al Plan Arias para resolver la crisis en Honduras, se encuentra en el limbo en cuanto al cronograma y se presta para varias interpretaciones.


El 27 de julio debería haberse creado un gobierno de unidad y reconciliación nacional. También se debería haber establecido una “comisión de la verdad” con la tarea de investigar los hechos que dieron origen al golpe de Estado que derrocó a Zelaya el pasado 28 de junio.

Esto no ha sucedido y tanto la tensión como los colaterales van en aumento en una batalla contra el tiempo. Mientras más se retrasa el cronograma, más se fortalecen las posiciones de fuerza recalcitrantes.

Sin duda el acuerdo hay que celebrarlo para escapar momentáneamente de una situación que ya comienza a adquirir ribetes dramáticos para la población, para el mundo empresarial e institucional por la incertidumbre y el aislamiento político y económico.

Zelaya cumple un mes derrocado y Micheletti busca ganar tiempo para estar en el poder hasta enero 2010. Zelaya plantea hacer campaña en las montañas entre Honduras y Nicaragua, mientras que sus partidarios niegan que algunos fondos provengan de las FARC. Zelaya reclama que EEUU no haya presionado a Micheletti con más celeridad para removerlo, contradiciendo el slogan de no intervencionismo de EEUU.

Hay que obtener algunas lecciones del espectáculo de poderes fácticos y de organismos más visibles con poder, que se entramparon en sucesivos errores mutuos, a costa de la frágil democracia y gobernabilidad en Honduras.

Este acuerdo es la meta de las organizaciones por sobre las personas. Es producto de negociaciones entre las elites, desarrolladas a nivel cupular, algo probablemente inevitable, con una ausencia de participación de nuevas formas de liderazgo que podrían haber surgido de los propios hondureños. Dicho esto al margen del duelo de poderes en torno al regreso de Zelaya, que es el centro del Acuerdo de San José.

El estado pasivo del hondureño con algunas excepciones dispersas ha sido evidente, revelando el aplastante poderío de la elite del poder en Honduras, sean civiles o militares.

Es todo muy raro lo que está ocurriendo en Honduras y viéndolo bien, no es tan raro tampoco porque se trata de una historia conocida.

Un gobierno que expulsa a un presidente supuestamente violando la constitución con el apoyo del ejército se estaciona en el poder por más de un mes. Tras cartón, el mismo gobierno con el apoyo militar podría restituirlo debido a la presión internacional.

No es que huela mal sino que es inconsistente que un gobierno de facto restituya al presidente que fue depuesto por el mismo. Alguien hizo algo muy mal al comienzo, o es la naturaleza de la política en nuestros tiempos.

El acuerdo va a ser un trampolín para varias personalidades y para sacarle el jugo a la oportunidad. Todos los que se equivocaron al comienzo parecen beneficiarse, y en eso se incluye a instituciones y naciones con sus políticos como Venezuela, EEUU, Nicaragua, Costa Rica. Los grandes perdedores son los hondureños que continúan sin tener acceso a una democracia participativa hasta el punto que este discurso frente al exceso de pragmatismo suena demagógico.

Los militares y los congresistas estadounidenses son los que han demostrado tener el poder en la coyuntura. La solución ha venido por la presión de EEUU.

Aunque Zelaya regrese, por un tiempo no será la restitución de la democracia que existía antes de la expulsión de Zelaya. Honduras entra en una etapa de transición y de “cuarentena” como si estuviera dando el examen diario de que si puede sostener una democracia.

Ha pasado mucho y los hondureños con o sin apoyo externo deberán hacer la reflexión si no es la oportunidad de reformular sustantivamente la cultura política del país o por lo menos algunas bases que permiten la situación que derivó en esta crisis.

En el fondo es lo que planteaba Zelaya, y en este sentido el Acuerdo de San José es un regreso al punto del debate que había llevado Zelaya a desarrollar una consulta popular.

La idea de la consulta, está implícitamente contenida en el proceso de reconciliación nacional y de evaluación del sistema democrático que plantea el Acuerdo de San José.

Después del Acuerdo, la situación la incertidumbre se mantiene y la diplomacia de vuelve exasperante. Honduras extiende por quinto día el toque de queda en frontera con Nicaragua, y el canciller interino hondureño revoca la visa de cuatro diplomáticos venezolanos.

El Departamento de Estado de Estados Unidos revocó a su vez cuatro visas diplomáticas de miembros del gobierno de facto de Honduras y ha puesto otras en revisión. Washington no reconoce al gobierno de Roberto Micheletti. Ian Kelly del Departamento de Estado declaró el lunes a los medios que “Es nuestra política hacia el régimen de facto”.

Antes de darse a conocer el Acuerdo de San José, en declaraciones a diversos medios Zelaya auguraba el estallido de una guerra civil y que si lo asesinan el jefe de las FFAA Romeo Vázquez sería el responsable. Posteriormente el estado mayor de la FFAA hondureñas hacía un comunicado apoyando el Acuerdo de San José que explícitamente estipula el regreso de Zelaya al gobierno aunque con poderes restringidos y bajo un mandato fiscalizado acuciosamente en pos de la unidad nacional y la estabilidad democrática. La OEA hacía la sugerencia de formar una instancia de personalidades notables para mediar en la crisis.

Con estos antecedentes, especialmente después de la divulgación del Plan Arias, la crisis pareciera estar fuera de control, con el punto central del acuerdo -restitución de Zelaya en el gobierno – sin cumplirse.

http://www.argenpress.info/2009/07/crisis-en-honduras-el-acuerdo-de-san.html