La izquierda chilena en la encrucijada de las formas de lucha
Por: P. León y M. Gonzáles

Los últimos sucesos en Honduras han reavivado, en el seno de la izquierda, el viejo debate sobre las distintas formas de lucha y la consolidación del Poder Popular.


Los últimos sucesos en Honduras han reavivado, en el seno de la izquierda, el viejo debate sobre las distintas formas de lucha y la consolidación del Poder Popular.
El debate se ha centrado en torno a la viabilidad o inviabilidad de los gobiernos democráticos de corte progresista ; y más allá aún, en la posibilidad de consolidación del proyecto bolivariano del socialismo del siglo XXI. A pesar de la diversidad de enfoques, un punto unió las diversas opiniones: el reconocimiento indiscutible, de la dignidad del pueblo hondureño que, con determinación, se tomó las calles para hacer respetar su voluntad y la restitución de su presidente constitucional. Y aquellos que estuvimos acompañando a los hondureños en su larga marcha y espera (gracias a la transmisión en directo de TV Sur) ; una vez más, con dolor e impotencia, vimos como los militares, títeres del gran capital, dispararon contra un pueblo desarmado.

El viejo fantasma de David contra Goliat rescusitaba nuevamente en nuestra memoria.

Poder Popular versus dispositivo ideológico de dominación

A los chilenos, lo sucedido en Honduras, nos rememoró, irremediablememte, el golpe de Estado de 1973 y con ello, nuestro trauma histórico. Y en pleno contexto electoral de las presidenciales 2009, la lluvia de dardos descalificantes hacia el empleo de tal o cual forma de lucha, como era de prever, no se hizo esperar.

Para la izquierda extra-parlamentaria, la inviabilidad de la lucha electoral quedó demostrada trás el golpe de Estado de 1973 que puso fin a la experiencia popular. Este análisis pareciera omitir que dicha experiencia duró tan sólo 3 años, lapso de tiempo insuficiente para que el pueblo se dotara de organizaciones legítimas y capaces de orientar airosamente el proceso. Por otro lado, también se argumenta que trás 20 años de « show electoral », la izquierda parlamentaria, aparte de confundir al pueblo, no ha conseguido mucho (lo que es verdad). Pero al mismo tiempo, se omite de mencionar que la reconstrucción del tejido social y la construcción del Poder Popular, tampoco ha sido muy exitosa. Para muestra dos ejemplos :

1. Hay 3 millones de personas que no votan y un millón que votan entre nulo y blanco ; es decir que, en principio, no serían permeables a la farándula electoral. Cabría preguntarse entonces, y dónde están ?. Dada su invisibilidad social podemos concluir que, por ahora, no se inscriben con ninguna de las dos izquierdas.

2. La existencia de movimientos tales como : estudiantes, profesores, deudores, etc., son sin lugar a dudas, un reflejo del creciente malestar social que vive nuestro pueblo ; pero sin embargo, hasta la fecha, dichos movimientos, no sobrepasan sus reivindicaciones propias.

Es decir, por ahora, nada indica que estos sujetos aspiren a organizarse más allá o que aspiren a abrazar un proyecto de construcción alternativo de sociedad . Para que estos sectores, no terminen siendo funcionales a la mantención del sistema ; es necesario que superen su parcialidad y apolitisación. De ahí, la necesidad urgente de encontrar formas de participación social y política que despierten el interés de estos sectores.

Sin lugar a dudas, el rol preponderante que juega el dispositivo ideológico de dominación, en tal estado de cosas, es incuestionable. Es este dispositivo todopoderoso que hace que, en nuestro país, ya no sea tan sólo el modelo económico el que es neoliberal ; sino que también lo es la cultura de los chilenos con todos sus corolarios : individualismo, desclase, indiferencia social, desresponsabilisación política, ley del más fuerte, etc. En resumen, que la gran mayoría ande más pendiente de « pasarlo chancho (expresión chilena muy repandida) y que no termine de despertar de ese largo letargo impuesto por el neoliberalismo .

Si ya lo tiene difícil la izquierda parlamentaria para contrarestar el dispositivo y conseguir votos, más difícil aún lo tiene la izquierda extra-parlamentaria para lograr la adhesión a un proyecto, por cierto liberador, pero que solicita muchas renuncias y sacrificios. Proyecto que, hoy por hoy, el pueblo chileno, preso del dispositivo ideológico, no visualiza, ni contempla.

Revertir esta dinámica para una izquierda, sin grandes recursos, no resulta fácil. Diferente sería si se contara con medios de comunicación propios, con alcance e influencia de masas, tales como : radios, canales de televisión, etc.

Si bien es cierto que la experiencia chilena y la reciente experiencia hondureña, entre otras más, corroboran que la vía electoral no soluciona nuestros problemas y que nunca será un factor determinante para la consolidación de un proceso revolucionario ; también corroboran que la construcción del Poder Popular, en la práctica, resulta más compleja que en la teoría, pues requiere de un estado de conciencia más elevado del pueblo.

Felizmente que Chávez, Correa y Evo, tenían claro este punto y a pesar de tener un gran apoyo popular, fruto de largas luchas ; usaron las elecciones y se plebiscitaron. Y hoy día, legitimados ante su pueblo y la Comunidad Internacional, son gobiernos que paulatina y decididamente – y al precio de duras batallas anti-institucionales – abren el camino al socialismo del siglo XXI y muestran una alternativa al capitalismo en Latinoamérica.

Es verdad, los procesos sociales son particulares para cada país.

Hoy por hoy, las particularidades chilenas son : ausencia de tejido social y de Poder Popular organizado , ausencia de Fuerzas Armadas democráticas y presencia de una institucionalidad que favorece a los más poderosos y a la reproducción del sistema. Si a estas particularidades le agregamos la gran crisis económica internacional que, según las previsiones, en la medida que se vaya agudizando, tocará particularmente a Chile como país piloto del neoliberalismo y dependiente del centro de la crísis ; nos encontramos ante la posibilidad histórica, de que el pueblo chileno reconozca sus intereses de clase y aspire al cambio. Pero lo cierto es que la crisis, por si sóla, no resuelve la salida política . Es decir, con o sin crisis, no habrá posibilidad para la implementación de un proyecto alternativo de sociedad, si no se cuenta con una izquierda política legitimada y preparada para orientar esta lucha.

La izquierda extra-parlamentaria y el escenario electoral en Chile

Dentro de este contexto, el escenario electoral de las presidenciales 2009 no se presenta sin gran responsabilidad histórica para la izquierda chilena que, dado el actual panorama, tiene dos posibilidades : continuar legitimando los gobiernos concertacionistas o abrirle paso a la Derecha política. En este cuadro, la izquierda tradicional, sigue sosteniendo que se trata de romper con la exclusión ; lo que a su vez, les permitiría romper la institucionalidad pinochetista por dentro y en ese afán, se han aliado con la Concertación neoliberal y llaman al voto útil. Por su lado, la izquierda extra-parlamentaria sigue sosteniendo que la lucha electoral tan sólo sirve para legitimar la actual institucionalidad pinochetista y que se trata de quebrarla por fuera ; por lo tanto, no presenta candidatos y continúa avocándose a su trabajo de construcción de Poder Popular.

Ambas formas de lucha (institucional y anti-institucional) son presentadas, por los dos sectores, como excluyentes. Lo cierto es que ninguna de las dos formas puede presumir de grandes éxitos ; por un lado, la izquierda parlamentaria no ha logrado vencer la exclusión política ; y por otro lado, la izquierda extra-parlamentaria no ha consiguido salir de la marginalidad y la desarticulación.

En este contexto, se requiere de una izquierda revolucionaria articulada en torno a un « proyecto popular –socialista común » y que al mismo tiempo, adopte formas de lucha que contribuyan a darle más visibilidad a esta alternativa.

Se necesita una izquierda revolucionaria, que sin prejuicios, ni principismos, ocupe el espacio electoral, como un espacio de lucha más : ya sea levantando candidatos propios (honestos y dispuestos a romper las reglas del juego institucional) u oficializando el voto de protesta. Urge la presencia de una izquierda revolucionaria que ofrezca una alternativa a la franja de la población que hoy se apresta, no sin malestar, a votar por lo que ellos consideran el mal menor : Frei o Enriquez-Ominami ; pues les causa rechazo la idea que la Derecha política, complice de Pinochet, gobierne nuevamente (idea que está inscrita en la memoria colectiva de muchos chilenos). Se requiere una izquierda revolucionaria que brinde un espacio de expresión a aquellos que ya no quieren contribuir más, con su voto, a legitimar los gobiernos Concertacionistas ; pero que sin embargo, gustan de participar en coyunturas electorales pues lo consideran un derecho (aunque la institucionalidad sea lo que sea).

Tanto a los unos como a los otros, la izquierda extra-parlamentaria les ofrece como única alternativa la construcción de Poder Popular que es el resultado de un largo proceso que tira su legitimidad del pueblo conciente y organizado ; entretanto, lisa y llanamente, que nos parta un rayo!

Por cierto, plebiscitarse, de vez en cuando, para legitimarse y medirse no está mal para nadie. Lo que contribuiría, al mismo tiempo, a fortalecer las Organizaciones Populares en pos de las batallas decisivas.

No se trata de sustituir una forma de lucha por otra, se trata de hacerlas efectivamente complementarias.

Se requiere de una izquierda capaz de apreciar, objetivamente, la pertinencia de la utilización de tal o cual forma de lucha; y por sobre todo, que tenga la capacidad de implementarla oportuna y asertivamente. Para ilustrar esta idea, citaremos el caso del MIR que en los años 70 mucho habló de construcción de Poder Popular y se implicó, con voluntad y esfuerzo, en esta tarea; sin embargo, a la hora de los quiubos, estaba tan desarmada como las otras fuerzas para defender el gobierno popular. Una izquierda que salga del viejo y fallido debate sobre la « revolución por fuera o por dentro », porque ninguna de las dos formas ha demostrado, por si sóla, salvo en casos muy particulares, su infabiilidad histórica.

Y mientras nos ponemos de acuerdo, el capitalismo sigue arrasando, a un ritmo vertiginoso, con los pobres y el planeta todo. Y en el actual contexto de crisis económica deviene más voraz aún. Es que el capitalismo, por esencia ,nunca ha sido, no es, ni será sostenible. El día que deje de ser depredador ya no será más capitalismo.

Ante la barbarie inminente, las preguntas : ¿ Dónde diablos jugarán los niños ? y ¿ En que planeta y con que recursos naturales construiremos la nueva sociedad ? cobran toda su pertinencia.

Hoy más que nunca la revolución socialista se hace necesaria y urgente ; y en esta búsqueda, hay que experimentar todos los caminos para acercarce a ella.

P. León (Titulada en Ciencias Políticas) – M. Gonzáles (miembro del Colectivo Rodriguista Bélgica)