Así piensa la ultra-derecha fascista: “Si Zelaya intenta regresar, tiene que distanciarse de Chávez”
Por: Prensa Gráfica/Aporrea
Escrito por Julio Marenco Corresponsal LPG desde Washington, D.C. En Estados Unidos
 
Kevin Casas, quien fue vicepresidente de Óscar Arias entre 2006 y 2007, considera que la única posibilidad para Manuel Zelaya de retomar la presidencia de Honduras es marcar distancia con el mandatario venezolano, Hugo Chávez.
 

Washington, julio 10 de 2009.- Si va a haber una consecuencia de esta crisis, debería ser una introspección seria en la OEA del manejo que se le dio.”

Hay una parte de la élite de Honduras que está absoluta y totalmente aterrorizada de Hugo Chávez y de su cercanía con Zelaya.”
Esa amnistía tiene que venir, posiblemente tenga algunas excepciones, por ejemplo el castigo a los responsables de la muerte del muchacho el domingo.”

Considera, además, que la OEA ha quedado relegada de cualquier relevancia en resolver esta crisis por una actuación “errática” en las semanas anteriores y que, una vez más, Estados Unidos ha imprimido su peso diplomático para solventar la crisis.

¿Cómo ha visto el camino desde que se produjo el golpe hasta hoy? ¿Cree que hubo una buena respuesta de la comunidad internacional, sobre todo de la OEA?

Yo dividiría la actuación en varias partes. Ciertamente hubo una respuesta coherente de la comunidad internacional en el sentido de condenar el golpe como un indiscutible paso atrás en el proceso de democratización en América Latina. Creo que fue una reacción por la forma tan descarnada en la que se produjo el golpe. Muy significativa fue la intervención de los Estados Unidos, pronunciándose desde el puro principio en contra del golpe, eso dio un mensaje muy importante, porque todos sabemos que no siempre ha sido el caso, que han intervenido en América Latina no siempre del lado de la democracia. Que EUA diera este mensaje fue positivo.

¿Y el segundo momento?

Un segundo momento a destacar ha sido el papel de la OEA, que francamente ha sido muy errático en todo esto. Hay que irse al momento anterior al golpe. Esta crisis estaba gestándose desde hace meses, probablemente nadie pensó que iba a llegar tan lejos, pero se sabía que el clima de crispación que había podría conducir a un clima de enfrentamiento entre poderes. La OEA es una institución que tiene instrumentos para actuar para prevenir crisis y simplemente no los utilizó. En un último momento, ya en la fase inmediatamente anterior al golpe hubo una declaración muy desafortunada del secretario Insulza de que iban a mandar una misión de acompañamiento a la consulta popular del presidente Zelaya, el centro de toda la disputa. Esa declaración, que al final la misión no se concretó, debe de haber alarmado a muchísima gente en Honduras, la posibilidad de que la OEA legitimara una consulta que las propias instituciones hondureñas estaban diciendo que era ilegal, fue tremendamente contraproducente. Después de la ruptura, hay una acción muy fuerte de la OEA, tiene ese pronunciamiento, pero a partir de allí hay un manejo muy errático de parte del secretario general. Le dan un ultimátum a las autoridades de facto, cuya racionalidad no estuvo del todo clara. En medio de eso hay una visita del secretario general, que es recibido con caras destempladas. A consecuencia de eso la OEA queda marginada de cualquier solución política de esto. Si va a haber una consecuencia de esta crisis es que debería haber una introspección seria dentro de la OEA del manejo que se le dio a esta situación.

¿Cómo cree que el presidente Arias puede acometer su rol de mediador para crear confianza entre las partes en el proceso?

Es un proceso muy complejo, sobre todo hacerlo en dos días. Allí lo único que tiene el presidente Arias es su credibilidad y su profunda experiencia en este tipo de cosas. Lo que es fundamental, y ojalá eso no tenga problemas, es que ambas partes se vean la cara, para evitar que sigan hablándose a través de los medios (de comunicación), porque cuando solo hablan a través de los medios tienden a subir los decibeles y hablar para la gradería. Lo de crear confianza tiene que ver mucho con los interlocutores que haya de cada lado. Habrá que ver quiénes son los equipos y si es gente que tiene una relación constructiva con la gente del otro lado. Lo último es que se comienzan a delinear los acuerdos políticamente factibles, a partir de lo que van decidiendo las partes y dejar lo más complicado para el final. Así es como se llevan estas negociaciones. Hacer eso en dos días es sumamente complejo, pese a que en este caso algunos elementos de negociación han estado allí desde el principio.

¿Cree que tras la actuación de la secretaria Clinton de reunirse con Zelaya y llamar al presidente Arias, EUA volvió a tomar el rol fundamental de facilitador, que hasta el día anterior, había preferido depositar en la OEA?

Incuestionablemente. Después de lo que pasó el fin de semana, que fue una farsa, el asunto estaba descendiendo a convertirse en una farsa, el tipo de declaraciones que estaban dando ambas partes… terrible. El presidente Zelaya intentando regresar, los soldados tirados en la pista; todo el asunto se estaba convirtiendo en una zarzuela. Después de eso viene la intervención de la secretaria Clinton, que fue fundamental. Cuando la OEA sale del tinglado, por sus propios errores, el único actor que podía destrabar la situación era el Gobierno de EUA, y a muy alto nivel. Entonces la secretaria Clinton interviene para propiciar un diálogo político, que era lo que hacía falta, se reúne con el presidente Zelaya y pone su peso y el de la administración de EUA detrás de ese proceso de diálogo. Además, tiene el buen tino de seleccionar al presidente Arias como mediador, no solo porque es una persona muy respetada, porque tiene la experiencia adecuada para lo que hay que hacer y sucede que además está ocupando la presidencia del SICA.

¿Llegar a al diálogo es un revés para el presidente venezolano, que era uno de los más firmes impulsores de la restitución incondicional de Zelaya y que casi ha desaparecido del mapa ahora?

Indiscutiblemente, entre los actores que quedan marginados en este momento de la solución al conflicto es Hugo Chávez. A mí me parece revelador que el presidente Zelaya haya aceptado tan rápido e incluso celebrando la propuesta del presidente Arias como mediador. Es revelador. Yo le aseguro que si Zelaya hubiera consultado esto con Chávez o con Daniel Ortega, ambos se hubieran opuesto en los términos más vehementes. Esto me sugiere que si él ha aceptado, Zelaya está ya poniendo alguna distancia entre él y el gobierno de Chávez.

¿Cree que el presidente Zelaya lo haga porque no tiene otra opción, o porque ha visto cómo la figura de Chávez es polarizante no solo en Honduras, sino en la región?

Creo que es un hombre capaz de entender una de las claves de toda esta situación. Hay una parte de la élite de Honduras que está absoluta y totalmente aterrorizada de Hugo Chávez y de su cercanía con Zelaya. Acá se ha hablado mucho de que las políticas del presidente Zelaya pusieron en pie de guerra a la oligarquía. Mire, yo tengo mis dudas de eso. Más que un tema ideológico… a fin de cuentas lo que hizo Zelaya fue subir el salario mínimo. Eso no es nada revolucionario, lo hizo el presidente Clinton acá también. A mí me parece que más que el tema ideológico es una inquietud enorme en un sector de la sociedad hondureña por la cercanía con Hugo Chávez. Entonces, una de las claves para alcanzar un acuerdo político y si el presidente Zelaya intenta regresar a la presidencia, tiene que poner distancia entre él y Hugo Chávez.

¿Ve una oposición por la rivalidad histórica que ha existido entre Daniel Ortega y Óscar Arias?

Ah, sí, eso tiene que ver, sin duda. Esa es una rivalidad más del lado de Ortega, yo no creo que a Arias le preocupe mucho lo que Ortega haga o deje de hacer, pero la rivalidad viene desde hace 20 años, incuestionablemente.

Hay dos medidas que han surgido como una posible salida a la crisis: una amnistía general para ambas partes y el adelantamiento de elecciones de noviembre. ¿Cree que sea posible lograr eso?

La primera de esas medidas es ineludible. Creo que tiene que haber algún tipo de amnistía o combinación de amnistía con indulto. Tristemente, porque es triste, que todo el mundo se haga de la vista gorda de las ilegalidades de todo mundo. Acá todo el mundo se ha comportado con un desprecio absoluto por el estado de derecho. Esa amnistía tiene que venir, posiblemente tenga algunas excepciones; por ejemplo, el castigo a los responsables de la muerte del muchacho el domingo en el aeropuerto, eso posiblemente pueda quedar fuera de la amnistía. Pero el comportamiento contrario a la ley del presidente Zelaya y asimismo el hecho mismo del golpe, posiblemente queden cubiertos por esa amnistía. Para los militares, ese hecho de que no se les castigue por haber dado el golpe y haber arrestado al presidente y ponerlo en un avión, es un tema muy sensible. El tema del adelantamiento de las elecciones allí sí tengo dudas importantes, porque a mí me da la impresión de que eso no lo va a aceptar Zelaya, porque eso es consolidar la consecuencia buscada por el golpe que es sacarlo del poder e impedirle regresar. A mí me parece que la clave de esto, y acá está la gran pregunta si esto se va a lograr, es hacer que Zelaya regrese a la presidencia, lo que no significa que regrese al poder.

Es decir, que regrese, ¿pero con poderes limitados?

Por allí pasa la solución de esto. Zelaya es posible, y es deseable, que regrese a la presidencia, es lo que está deseando la comunidad internacional y sería importante sentar el precedente, que un presidente depuesto por medios de dudosa legalidad y por militares regrese a la presidencia. Sin embargo, tendría que haber concesiones importantes de parte de él. Tendría que renunciar a la idea de modificar la Constitución, poner distancia entre su gobierno y Hugo Chávez. Tendría que ponerse un mecanismo de manera que él siga como presidente, pero que algunas decisiones claves se tomen colegiadamente.

¿Ve usted, por ejemplo, la instalación de una comisión internacional de seguimiento de estos acuerdos, de llegar a tomarse?

Es una posibilidad. Si ha de haber algún acuerdo tendrá que vertirse en un documento en el que deberán nombrarse algunos garantes de ese acuerdo. Esto no es muy descabellado, alguna gente en Honduras incluso estaba llamando a intervenir a los cascos azules, no creo que haya oposición a la idea.

¿Incluso si fuese liderada por la OEA?

Podría ser la OEA, pero el problema de la relación con la OEA de parte del gobierno transitorio, de facto, está tan deteriorada que probablemente no lo quieran aceptar, pero creo que sí podría participar en alguna parte de la implementación de un acuerdo.

¿Qué repercusiones puede haber en Centroamérica tras este episodio?

Creo que esto le hace un flaco favor a la región. La farsa del fin de semana que descendió todo esto a un nivel muy bajo, confirma muchos de los estereotipos de la política de América Latina en Europa y en EUA. Y lo cierto es que la política en la región ha cambiado muchísimo en los últimos 20 años. Esto que ha pasado en Honduras es un pobre testimonio de los avances que hemos tenido, que son indiscutibles, con fragilidades, como lo que ha sucedido en Honduras. Una de las preguntas que me hago con esto todos los días es que uno quisiera que tanto Zelaya como Micheletti se hicieran siquiera por un segundo es: ¿Quién va a estar dispuesto a invertir en Honduras después de esto? Le está haciendo un daño inmenso a un país que ya de por sí es muy pobre y muy vulnerable, con más de 50% de la población bajo la línea de pobreza. Yo le aseguro que los gerentes de los fondos de inversión en Londres no hacen mucha diferencia entre Honduras, El Salvador y Costa Rica. A la hora de ver un mapa, lo que ven es un montón de países a los que tratan igual. Esto que ha pasado en Honduras es una mala noticia para la región porque afecta la imagen de solidez institucional que Centroamérica ha ganado en los últimos años.

¿Cree que esto también tendrá repercusiones en Latinoamérica?

Esta crisis, como incluso la discusión sobre la inclusión de Cuba en la OEA, ha demostrado que algunos instrumentos como la Carta Democrática Interamericana necesitan revisiones importantes. Esta crisis debería propiciar la revisión de esos instrumentos para tener palancas más efectivas para defender la democracia en América Latina.