King Kong Klan
Por: Xavier Padilla

El enredo jurídico para habilitar una fuerza armada internacional de rescate anti-gorila es una robusta estopa. No obstante, esto no debiera ser lo que más nos preocupase, los obstáculos también se saltan. Si no pregúntenle al adversario…


Si factores muy obvios, vitales y de sentido común llegan a poner en conflicto los organismos internacionales entre sí, pues sea. Que se encarguen entonces los EXPERTOS en “técnicas de legalización” de encontrar soluciones, tal como suelen hacerlo cuando les interesa.

Para este anti-diplomado pero honrado autodidacta servidor —que dicho sea de paso jamás ha tenido las altas responsabilidades universitarias que recientemente en un artículo le atribuyeron—, las instituciones “de paz” como la ONU y la OEA, que son mucho menos perfectas en la práctica que sus ya bastante imperfectos estatutos, no son aparatos evolutivos en sí mismos y tienden a caducar frente al avance de la historia. Cuando ya no reflejan la evolución de ésta y no consiguen arbolearse, su elegancia sería despedirse.

Pero henos aquí, dependiendo de su impávido anacronismo, de su respetable ineficiencia. La pregunta sería: ¿Para qué se crea entonces UNASUR?

No creo que para continuar bostezando frente al inerme catecismo de dos viejas entronizadas.

¿No habría sido más bien para sustituirlas?

UNASUR nace, como el ALBA, precisamente por un exceso de enclenquitud y senilidad en el ambiente…

La semana pasada, no obstante, hubo un “momentum” que no se supo aprovechar: tuvimos la condena total del golpe por parte del mundo, desperdiciada en largas y lentas reuniones, en discursos emotivos… pero repetitivos y protocolares que terminaron en una decisión risueña, tardía e impracticable. Como sólo podía serlo cualquier aterrizaje en tan previsibles y obvias circunstancias de adversidad.

Más audacia, menos sentimiento, menor credulidad en plegarias y mayor responsabilidad por el pueblo, y se hubiese evitado la calamitosa señal de debilidad que se le envió a una derecha engorilada mediante un vuelo rasante y despavorido; y sobre todo se hubiese impedido que dos asesinatos quedasen para corroborar inútilmente lo que no necesitaba ni necesita de ninguna corroboración complementaria.

Cuando lo osado y lo inaudito de un golpe son descomunales, la intrepidez y el coraje para enfrentarlo tienen entonces que ser aun mayores. Tienen que ser mensajes contundentes. Y es que no puede permitírsele a la sin-razón vencer sobre la razón. Si ésta llega a parecer indefensa frente a las estrategias de la primera, entonces las estrategias de la segunda —de la razón— no son razonables. Conclusión: los métodos de la razón no pueden ser inferiores a ella misma.

Basados en esto, los expertos en leyes y derecho internacional tienen la obligación de encontrar una vía pragmática, realista de restablecer —e incluso mejorar— el orden hasta ahora alcanzado por la civilización. Si fuese yo experto, trataría de aportar algo en este sentido. Pero como buen ciudadano de a pie… me limito a no reprimir la lógica fundamental que respiran las calles. Muchas veces —más de lo que se piensa— ésta lógica consiste en un aroma asequible a muy baja altura, como el de los frutos prohibidos. Pero pasamos de largo…

Lo básico de mi idea —que en realidad no puede ser verdaderamente mía— es que no se puede continuar explotando la noción según la cual la autodeterminación de los pueblos debe pasar por algo tan absurdo como el enfrentamiento de piedras dignas contra balas inconmovibles. Especialmente habiendo ejércitos potencialmente solidarios a dos pasos.

La llamada “participación” directa de los pueblos frente a lo que podríamos llamar las “fuerzas armadas primates de la involución”, no puede tener sentido en el siglo XXI —si es que alguna vez lo tuvo en otras épocas—. La famosa “autodeterminación” de los pueblos, por lo tanto, debe deslastrarse de aquella pseudo rebelión que consiste en medir fuerzas entre civiles desarmados y goriletes con tecnología de guerra. Para realmente dar la pelea, el pueblo debe disponer de un ejército que luche en su nombre, o bien debe armarse hasta los dientes, hacerse soldado él mismo.

A falta de armas, todo enfrentamiento contra oponentes armados es un acto suicida, y en fin de cuentas más de sumisión que de liberación. La rabia pura no detiene las balas, si acaso las alimenta.

El 13 de abril es citado a menudo como un ejemplo de autodeterminación. Es cierto que el pueblo salió a reclamar a su Presidente y que su presencia en las calles fue determinante para recuperarlo. Pero si este clamor cívico no hubiera servido para convencer a un sector armado de tomar acciones contra la derecha golpista y lograr la recuperación de Miraflores, lo más probable es que ésta hubiera terminado por arremeter contra el pueblo y que lo hubiera masacrado, al igual que a su Presidente. Fue la división de las fuerzas armadas lo que concretamente impidió la consolidación del poder de la derecha. El pueblo contribuyó a esa división, pero sin ejército sobre el cual haber influido su clamor no hubiera podido contener la codicia de poder ni el odio profundo de una oligarquía empoderada, como lo está ahora de la Honduras.

Lo que no cuadra en el caso de Honduras, es que existe un ejército más allá de sus fronteras al que no parece llegar el clamor de un pueblo oprimido que sólo cuenta con piedras… ¿Como puede autodeterminarse un pueblo en tales circunstancias?

Sigamos confiando en Dios, dice su depuesto Presidente…

La autodeterminación de los pueblos dispone de MECANISMOS DE EXPRESIÓN adecuados a su condición material de total indefensión frente al poder mortal de las armas de guerra. Es falso que pueda llamarse autodeterminación al acto de concurrir en un suministro voluntario —en bandeja plata— de carne fresca y sagrada para el voraz apetito de una matanza anunciada.

El fascismo no requiere aumentar sus cifras para probar su naturaleza, ¿por qué darle entonces la ocasión de ponerla en práctica? ¿Para enardecernos y hacernos invencibles? Ningún triunfo debe ser el resultado de un acto de venganza, sólo de uno de consciencia.

Si el combate es contra la opresión, ¿qué interés podemos tener en ayudarla a aumentar sus escores? Hay que detenerla al nivel de la ilegalidad —en la cual muy mal se esconde— sin dejarla llegar al de la masacre.

Los mencionados MECANISMOS DE EXPRESIÓN PARA LA AUTODETERMINACIÓN son el sufragio, la manifestación pacífica, la libertad de expresión permanente, la libre asociación. También la participación directa al desarrollo —e incluso cambio de paradigma— de la sociedad, como la refundación del país a través de los procesos constituyentes o refrendarios.

Si existen ejércitos que se vuelven contra el pueblo al cual están llamados a proteger, los de sus solidarios vecinos entonces han de tomar el relevo momentáneo, puntual, y sin temor por la injerencia. Un país no es una propiedad privada en el cual se pueda hacer lo que se quiera con su gente, la única propiedad realmente invulnerable en cualquier parte es la de los derechos humanos.

Dicha injerencia en terrenos supuestamente privados es lo que se llama “coraje social” en ciertas instancias de la vida corriente, y puede representarse claramente con la intervención espontánea de un transeúnte que impide a un padre o a una madre seguir azotando brutalmente a su niño. Una forma de intervenir pudiera ser la denuncia, pero otra mucho más necesaria, eficaz y sensata para la ocasión será siempre la de implicarse física e inmediatamente en la protección del niño.

Si el transeúnte prefiere analizar primero las consecuencias de su posible intervención, sobre todo aquellas que podrían alterar su tren de vida, la de los suyos, y tal vez la de sus allegados; es decir, si decide poner por delante el spectrum de intereses relativos a “su” circunstancia, entonces el niño, con toda seguridad, sabrá muy claramente y muy temprano lo que es estar solo en el mundo.

Las excusas prospectivas por parte del cauto observador podrán siempre elevarse exponencialmente por encima del acto directo, espontáneo, llamado “irreflexivo”; con lo cual toda batalla contra el imperio de las probabilidades queda perdida de ante mano.

La ampliamente aceptada y presunta “ceguera” del impulso directo y solidario es un ejemplo de fracaso socialista prenatal. Nunca faltará para descalificarlo la evocación automática de mejores cálculos desperdiciados, de mayores errores no impedidos, de muertes en número superior no evitadas. Excusas…

Es la hegemonía del pronóstico, el triunfo de lo futuro sobre lo presente. La victoria de lo probable sobre lo concreto. La cautela sobre la osadía, la precaución sobre la acción. La solidaridad en diferido. La indiferencia disfrazada.

Y mañana King Kong.

xavierpad@gmail.com