Proporcional a su importancia, reciben más que salud y alimentación
Por: Luis Alberto Matos

“General Motors es una de las ensambladoras que más dólares ha recibido en el país. En total, desde 2008, 1.300 millones de dólares.”
Efrén Marín, ViceMinistro de Industrias Intermedias


La prensa opositora culpa, al Gobierno Venezolano, de la baja productividad y la disminución en las ventas del sector automotriz. Su caída mundial, que cerró plantas en Estados Unidos y Europa, es ignorada por los medios cuando señalan que “Por falta de divisas, cierra General Motors y baja a la mitad el ensamblaje en el país”.
Un columnista se queja: “Con estas decisiones gubernamentales, comprar carro no es una buena inversión”. Pero, un vehículo es un activo depreciable, ¡un gasto!; salvo aquellos utilizados para el transporte público, carga y alquiler.
Anticipan que “los repuestos subirán 30% este año, en el mercado interno, porque las empresas están acudiendo al dólar permuta para financiar sus importaciones” y que “sin dólares y costos fijos más altos es lógico que los autos suban de precio”.
Tales escritos corresponden a los intereses de sus patrocinantes: Conindustria “prevé caida significativa de inventarios”, lo cual, según ellos, “incidirá negativamente en la economía nacional del tercer trimestre”.
Habría que definir con exactitud los términos económicos utilizados en tal afirmación, para estar seguros de que, si esa rebaja realmente sucediera, tal hecho afectaría a la Nación o sólo perjudicaría a los miembros de Conindustria.
General Motors
En la primera página, de otro diario, casi se le ven las lágrimas al titular: “General Motors paraliza su planta en Venezuela”. Y su drama nos recuerda aquella frase de Charles Erwin Wilson, quien siendo Presidente de esa trasnacional fué nombrado, en 1953, Secretario de Defensa de Estados Unidos por el Presidente Dwight Eisenhower. Ya en el gabinete y como para que no quedaran dudas, expresó: “Lo que es bueno para el país es bueno para General Motors, y viciversa”.
Esa es la traducción conceptual porque allá llaman América a su país. Pero, aquí algunos leen literalmente en inglés: “lo que es bueno para General Motors es bueno para América”, y se autoincluyen en la expresión. De allí que, para esa corporación, soliciten cualquier cosa, incluyendo dólares a 2,15 y sin límites. De paso, todos ellos quieren comprar divisas sin topes máximos, ni condicionadas a necesidades básicas.
Ventas al mínimo
Paul Craig Roberts asegura que “Gran parte de lo que queda de la manufactura de Estados Unidos, incluyendo a la industria automotriz, está en bancarrota”.
Amy Goodman lo narra con mayor dureza: “La economía es un caos. El desempleo aumenta. La industria automotriz está colapsando”.
Son declaraciones muy recientes; no del pasado año cuando la crisis especulativa. Son razonamientos actuales, cuando algunos creen haber visto la luz al final del túnel. ¡Como no lleven su propia linterna!.
Aprovecha su filial venezolana, ¡que magnánimos!, para ofrecerle “plan de retiro voluntario al personal”. Señalan que deben más de un millardo de dólares y aspiran que seamos nosotros quienes los restemos de la importación de alimentos, medicinas, libros, tractores e insumos necesarios en la construcción de viviendas, para otorgárselos y así puedan ellos “cumplir su cuota de ventas” (expresado en el lenguaje de las multinacionales).
Quiebra legal
Añoran al sistema financiero del Norte, donde, según el Premio Nobel de Economía 2001: Joseph Stiglitz, “se ha ampliado su red de seguridad para las corporaciones de una manera sin precedentes, desde los bancos comerciales a los bancos de inversión, luego a los seguros y tras ellos a la industria automotriz, en una prolongada política de Estado de bienestar para las corporaciones. Los ricos y poderosos recurren al gobierno para que los ayude siempre que pueden, mientras que las personas en situación de necesidad reciben poca protección social”.
La reciente crisis hipotecaria dejó a millones de norteamericanos sin hogar, pero sus gobiernos (¡ambos!, tanto el de antes como el de ahora) optaron por ayudar a las entidades bancarias que precisamente ocasionaron los graves problemas que hoy padecen.
General Motors, tras muy orgullosamente ser, durante los últimos 77 años, la número uno en el sector, tuvo que acogerse a la ley de quiebras, recibir 30.100 millones de dólares que aporta su Gobierno (pero pagan sus ciudadanos con sus impuestos) y conservar sólo cuatro de sus otrora once marcas que nos restregaban en las narices con fulgurantes nuevos modelos cada año.
Eliminaron 24.000 puestos de trabajo; peor que personal despedido, porque no hay la posibilidad de cubrir una vacante con otro trabajador.
Dólares vía CADIVI
Un titular local señala que “La ensambladora local de General Motors anunció que paralizará tres meses sus operaciones por la falta de divisas que le debe entregar el gobierno para importar materiales de producción y saldar deudas”.
Y por supuesto, es culpa de Chávez (¿cuándo nó?) que “esta decisión afecta a unas 250 compañías que dependen directamente de este fabricante estadounidense”. A esos nuevos desempleados se les informa que quedan cesantes por fallas de CADIVI; nó por la debacle mundial de esa corporación.
Sin embargo, es conveniente recordar que la Comisión de Administración de Divisas asignó, durante el primer trimestre de 2009, más de 400 millones de dólares para el no necesariamente prioritario sector automotriz. Y que salud no llegó a 600, ni alimentos a 800. ¿Serán capaces de pensar que los carros valen más de la mitad de la comida y más de las dos terceras partes de las medicinas? Porque esa es la relación que ellos mismos publican cuando se quejan.
Y, más aún ¿será también culpa de Chávez que en Venezuela, a pesar de que reciben dólares para repuestos y los utilizan para adquirir carros nuevos, su subsidiaria se haya venido a menos?.
jaquematos@cantv.net