Jueves, 12 de febrero de 2009
Industriales y comerciantes convertidos en políticos
Por: Luis Alberto Matos

Votaremos sí por la independencia económica
«No permitamos que nadie venga a matar la posibilidad del porvenir”

Hugo Rafael Chávez Frías

Leemos opiniones de un consejo de comerciantes que, por agrupar a quienes dedican tiempos, esfuerzos y capitales, a la distribución de bienes y servicios, estaríamos obligados a suponer absolutamente apolítica.


Sin embargo, sus escritos son una propaganda abierta a votar por el nó. Conocimos a algunos de sus “conductores” y sabemos sus “orígenes”; por esta razón no nos extraña ni su posición política ni el “formato” utilizado al abordar los temas.

Idéntico mensaje vemos en un informe de un consejo de industriales, aunque de estos cabía esperar más sensatez. Al fin y al cabo, estos producen; aquellos especulan con oligopólicos acaparamientos y unilaterales ofertas.

Esta agrupación dice mostrarse “preocupada por la disminución de producción en el país”. Y culpan ¡no faltaría más! a “las políticas cambiarias vigentes”, más el “voraz incremento de la importación”

Nos llaman entonces a producir “lo que importamos de Argentina, Brasil o Colombia” O sea: del Norte si podemos seguir importando. ¡Desde allá está permitido!

Más adelante le caen encima al control de precios. Ya sabemos cuál es la solución que proponen: libre mercado. Es lo único que les enseñan cuando, creyendo estudiar economía, no ven más allá de finanzas, administración y contabilidad.

Hablan de crisis en la industria del plástico y piden a Pequiven que les rebaje los precios, porque “vende más caro que los internacionales”. Y lanzan su gran amenaza: “si nó les rebajan los precios, ellos invertirán menos”.

De inmediato, el capo de cámaras local (el de verdad, habita en otras latitudes) alerta sobre “la necesidad de tomar medidas económicas urgentes”, y aún no entendemos el plural, porque, en sus declaraciones publicadas por su medio preferido, se limitan a solicitar una reconsideración del control de cambios. Y esta vez, su excusa, es “para que disfrutemos de diferentes productos”.

Viejos conocidos
Son los mismos que distorcionaron la Reforma Constitucional. Son aquellos que defendieron la “autonomía del Banco Central de Venezuela” porque esa institución debía seguir siendo independiente. Les pregunto a mis colegas ¿alguna vez lo fué? ¿o es que, perdónenme, no eran lacayos al servicio de Miraflores?.

En cuanto a descentralización: consideraban que “es un proceso que ha sido una conquista fundamental de los venezolanos para profundizar la democracia”. Primero deberíamos analizar nuestra pésima distribución político-territorial (imposible hacerla peor) para luego hablar de descentralización, pero… sin que esté a distancia de zarpazo del Norte, para evitar lo que han hecho en toda la Patria Grande.

Estuvieron en contra de la jornada laboral. Aunque lo adornaban como “reivindicación fundamental sindical”, de inmediato se les veía el bojote cuando aseguraban que tal “reducción ha estado en proporción al aumento de productividad”. O sea: “házme en seis horas lo mismo que me haces en ocho, y te dejo dos libres”. Oye tú: ¡no seas tan magnánimo!. De inmediato venía la amenaza: “Si pusiera en peligro la competitividad, ocasionaría la destrucción del mercado laboral” porque “las aspiraciones de la mayoría son más empleos”. Muy discutible. ¿No serán mejor salud, educación, vivienda y nutrición?.

La propiedad la consideran “derecho humano”, y su primer ejemplo es “nuestro propio vehículo”. Olvídense pues del plan ferrocarrilero, del bus Caracas, del metro cable y de cualquier sistema de transporte público.

Decían que “la libertad económica significa tener el derecho a hacer lo que más nos gusta”. Parece que sólo existe la economía. Yo creía que había venido al mundo a vivirlo, a aprender, a enseñar, a contribuir y a dejar descendencia para que sigan por mí. Resulta que, según estos payasos, vine al mundo a comprar.

La libertad sindical fué objetada por que difundiría y permitiría la creación de varias organizaciones en la misma empresa, en consejos de trabajadores. Estaban acostumbraditos a lidiar con un sólo líder sindical, que ya sabemos de que color tenía el carnet y para quienes cotizaba.

Sólo quieren para ellos
Siguen igualitos. Declaran estar “de acuerdo con un fuerte aporte” ¡en dólares! pero, “destinados a la cancelación de las deudas con los empresarios”.

Creen que no habrá crecimiento del producto interno bruto, por las “afectaciones de las políticas públicas en lo económico y sus resultados e implicaciones en la enmienda constitucional”. Mucho habían tardado en decirme por donde es que viene la cosa.

Le dicen al Gobierno: “es necesario que centre sus esfuerzos en potenciar el desarrollo de ese sector, en lugar de beneficiar a otras naciones”. Y, adicionalmente, le piden “flexibilizar los controles en la entrega de divisas”.

Y su flamante Presidente centra su declaración en un rechazo al corte de exportación petrolera. Solicita reunirse con “empresas experimentadas”: las siete conocidas hermanas que se llevaron sopotocientos millones de barriles de petróleo, a precios tan ridículos que cuesta trabajo creer que fué cierto y que aún hay tontos a quienes les parece natural.

Chávez debe continuar
Pero muchos industriales y comerciantes sí quieren a Venezuela. Otro grupo empresarial, muy venezolano, salió al paso y desmintió a los consejos y al capo local. Denuncia que, esas organizaciones, “filtran con tinte político sus proyecciones”.

Afirma “no creer en pronósticos terroristas” y que “el sector productivo se ha fortalecido y disminuirá aún más el desempleo, apoyados por inversión foránea e interna”.

Pero para lograr ese futuro, mantener la ruta de estos diez años, garantizar la continuidad del Proceso Bolivariano, seguir en este “Proyecto de País” en ruta a la Patria Grande y conseguir nuestra verdadera independencia, es necesario garantizar la permanencia del Presidente Chávez.

Por eso, el domingo 15, todos votaremos por el SÍ.
jaquematos@cantv.net