Miércoles, 4 de febrero de 2009
Los cambios en la década
Eleazar Díaz Rangel
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A menudo, cuando periodistas extranjeros nos visitan en este diario, y me preguntan cuál es el aspecto más importante de la política desarrollada por el presidente Chávez, no vacilo en responderles que los avances en el campo social; que ha sido preocupación de su gobierno resolver los problemas de los pobres, de esa mayoría de la población, tradicionalmente excluidos. Hasta la Iglesia católica debió reconocerlo en reciente declaración.


Algunas cifras son bastante reveladoras. En esta década han disminuido los índices de desigualdad social; en 2002, por ejemplo, 20% más rico de los venezolanos obtenía 54% del ingreso nacional, mientras que en 2008 ese mismo 20% se apoderó de 46,7%, es decir, que bajó 7,4%; la situación de la mayoría, y entre ellos de 20% más pobres, mejoró sustancialmente. Hace 10 años, en 1997, la pobreza era de 54,5%, en el 2002 había subido a 62,1%, pero el año pasado estaba en 31,5%, y la pobreza extrema pasó de 28,8% en 2000 a 9,1% en 2008.

En el Índice de Desarrollo Humano (IDH) se refleja este mejoramiento de la vida de los más pobres, subir de 7 puntos e incrementarse la expectativa de vida de los venezolanos, son producto de la mejora de la mayoría de los servicios asistenciales y médicos, de la educación y de la alimentación. Deben añadirse la erradicación del analfabetismo reconocido por la Unesco, y que la inversión en educación con 6,8% del PIB duplica las metas de la misma Unesco. Seguridad y vivienda son asignaturas no aprobadas.

Pero en estos diez años ocurrieron hechos que perturbaron ese proceso de mejoramiento de las condiciones de vida de los más pobres. Uno fue el golpe de estado de abril 2002, derrotado por la acción coincidente de la Fuerza Armada y la movilización popular, y el otro, el paro-sabotaje de 63 días, dirigido a derrocar al gobierno, a obligar a Chávez a renunciar, a adelantar las elecciones o a que él mismo convocara a un referendo revocatorio.

Hubo tres poderosos factores que lo impidieron: uno, que el gobierno rescató el control de la industria petrolera y les ganó la batalla económica; dos, que pese a la conspiración en esos dos meses no lograron que se alzara un solo cuartel ni una compañía, y lo más importante, la escasez de tantos productos de consumo masivo, del transporte, que pensaron generaría explosiones sociales, el pueblo, muy consciente de lo que pasaba, desafió esas carencias y permaneció fiel, firme, digno frente a esas contingencias.

En cualquier circunstancia, cuando se haga el balance de esta década, nadie podrá obviar ni cuanto se ha hecho por los pobres, ni cuánto han hecho, factores de poder dentro y fuera del país, por impedirlo.

Esa batalla está otra vez planteada el domingo 15