Jueves, 29 de Enero de 2009
La crisis del capitalismo insostenible
Por: Ernesto Montero Acuña

La Habana,(PL) La crisis económica en expansión no tiene solución esencial en las condiciones del capitalismo, que la genera y luego la recrudece.


Un análisis a fondo sobre este tema crucial ofrece Raúl Valdés Vivó, reconocido intelectual y politólogo cubano, en su más reciente obra: Crisis sin salida del capitalismo.

La obra es continuación de la presentada hace un lustro y sostiene el rechazo a la idea académica prevaleciente acerca de dos esferas económicas -la financiera y la productiva—, pues a juicio del autor ambas “forman una sola pirámide invertida”, con absoluto predominio de casi 50 a uno, medido en dólares, de la especulación financiera sobre la economía real”.

Siguiendo a Fidel Castro, había advertido que “esa pirámide se vendría abajo”, como ha sucedido. En el 2005 había sostenido que la situación del capitalismo estadounidense “podría provocar, en un año o dos, una crisis que hará pequeña la de 1929, aniquilando pueblos enteros”.

Se basaba en que esta nación concentra el 18 por ciento del comercio mundial y su evolución “golpearía a todos los países, sin excepción”.

En su libro Especulación financiera contra economía real, que concentró el trabajo de 20 años, el autor enjuiciaba antes la situación, basado en las ideas permanentes del marxismo-leninismo y el pensamiento de Fidel Castro, “no solo como la aplicación a Cuba de esas ideas, sino en el cuerpo central de la teoría”.

Ya no se trata de “socialismo o barbarie, como pensaba Rosa Luxemburgo, sino socialismo o nadie”.

Ahora, en su obra Crisis sin salida del capitalismo, refleja el debate entre dos grandes participantes: los partidarios del capitalismo, que atribuyen la crisis a la mala gestión de banqueros y gobiernos, lo cual piensan superar, y los opuestos al capitalismo, que la vinculan a su existencia misma.

Al respecto se sitúa entre “los que apreciamos que es la crisis integral y final de ese sistema y que el único modo de salir de ella es establecer el modo de producción comunista, cuyo primer momento es el socialismo”.

Percibe que el desempleo masivo, la quiebra de un negocio tras otro, la lucha por sobrevivir, el fin de la ilusión de que cada generación vivirá mejor que la anterior, el miedo a todo, no dejarán de empujar los acontecimientos.

Con rigor conceptual considera que “en cualquier proceso histórico en el fondo está la economía, pero ese proceso no es exclusivamente económico sino social. Más que ningún otro acontecimiento las crisis abren conciencias y voluntades” y provocan grandes soluciones.

“Hay que reconocer que Estados Unidos y otras potencias pueden lograr cierta estabilidad con audaces medidas”, pero las que se requieren son “contra las fortunas de los ricos, echando abajo ese Robín Hood al revés, que roba a los pobres para enriquecer más a los ricos”.

Dentro del capitalismo, “esa estabilidad sería transitoria, salvo que se produzcan cambios realmente grandes y permanentes, ajenos a los programas de los dos partidos de la clase dominante de Estados Unidos, que siempre se hacen uno solo en la estrategia imperialista”.

Medular resulta el criterio de que la crisis del capitalismo es integral, abarcando la financiera, la real y cíclica, la energética, la del sector alimentario, la ecológica, la de la agresiva política exterior imperialista, la ideológica, la moral, la de gobernabilidad, la del consumismo desenfrenado y la de su Economía Política, que “mezcla neoliberalismo y recetas de Keynes, antes desechadas”.

Por ello sintetiza que desde que estas crisis se hicieron una sola, querer examinarlas por separado es el más grave error.

Considera que el capital aprecia a los trabajadores como compradores, a los que dicta sus gustos con la industria de los anuncios, pero los esquilma en tanto que vendedores de su fuerza de trabajo, única fuente del valor. Por eso, “lo que les roba en cada jornada sin darles nada a cambio, se va acumulando y provoca las crisis cíclicas”.

Expone también que “el capital no es tanto la ganancia, como el ansia insaciable de acrecentarla” y, por ello, la especulación financiera “deja de lado los medios de producción para apostar al precio de sus títulos de propiedad”.

El dinero “es el preferido en liquidar ganancias, salarios, impuestos, deudas, y mide los otros elementos de liquidez. Más que Rey, el dinero es el Dios del capitalismo”, concluye.

La especulación creó las compras a futuro, los derivados, los paquetes financieros de liquidez, que entremezclan monedas, bonos y otros instrumentos de créditos, y las famosas hipotecas subprime, con lo cual traslada la crisis hipotecaria al exterior.

Acerca de esta asegura que “los bancos prestaban a cualquiera, sabiendo que no podrían pagar para tener esos documentos como títulos de valor. Millones han perdido sus casas al subir la tasa de interés y también se desvalorizan las ya pagadas”.

Sobre la temporalidad pronosticada de la crisis aprecia que “está incrustada en ese afán demencial de hegemonía de Estados Unidos, a imponer con una moneda que acabará siendo repudiada en todas partes, y con bayonetas y tanques que pueden matar, pero no vencer”.

Es inexacto decir que Keynes utiliza el Estado para regular la economía, pues “en todas las Economías Políticas burguesas, incluso la neoliberal, el Estado es el fabricante de la mercancía que mide el valor del trabajo encerrado en las demás y permite su intercambio. En realidad no es el intercambio de productos sino de trabajos. El interés es el precio de esa mercancía”.

De ahí que si lo determinante en cualquier sistema social es el empleo, porque solo del trabajo salen los bienes y servicios de la economía real, en el capitalismo eso se deja de lado y lo más importante, en verdad lo único que importa, es el dinero.

Ahora los medios masivos “quieren hacer creer que Estados Unidos puede imprimir más dinero para pagar sus deudas, originadas en vivir bien a costa de los demás y en guerras, tipo Vietnam, que crean el desbalance fiscal, y seguir viviendo por encima de su trabajo nacional, recibiendo un 6% más que su PIB, lo que significa que el resto del mundo entrega ese monto”.

Pero, añade el autor, “el proteccionismo de una potencia imperialista lleva a lo mismo a sus rivales. El caos económico, condición de las crisis del capitalismo, no hará sino acrecentarse. Mientras exista la plusvalía, o sea, el capitalismo, la producción aplastará al mercado, a la larga o a la corta.

“Creer que pueda salir de crisis tan descomunal, es creer eterno el régimen burgués, yendo de crisis en crisis siempre con solución.

“En el examen entre las dos apreciaciones que tenemos los revolucionarios: crisis cíclica o crisis sin salida, deciden, no las citas de los teóricos, sino la práctica, y ella aprecia cómo ninguna de las crisis del sistema puede resolverse.

“Con la reducción mundial de la demanda de dólares de Estados Unidos, imprimir más “papelitos”, como enseña Fidel, es una locura, sencillamente un callejón sin salida.

Y vienen golpes nuevos a quien se tambalea en las cuerdas: 1. Kuwait estudia desligarse del dólar, iniciando la estampida en el seno de la OPEC, la poderosa agrupación productora de petróleo, y Rusia organiza otra para el gas, en medio de su choque con Ucrania, a la que acusa de robar el que envía a Europa, 2. Otras bolsas de valores habrán de apoderarse de activos norteamericanos, que se abaratan, y sus países tendrán necesidad de comprar menos dólares.

3. Más y más países comercian de hecho con el trueque o “barter”: Argentina y Brasil, y China y Rusia, y los dólares ya nada pintan.

4. Los países de Nuestra América acabarán teniendo su propia moneda.”

En su reflexión sobre el asunto, Valdés Vivó sintetiza que “a la pregunta de cómo hacer la revolución socialista en Estados Unidos, nadie puede responder. Pero la verdadera pregunta es cómo van a mantener allí el capitalismo”.

De ahí que, citando la Elegía a Jesús Menéndez de Nicolás Guillén, concluya: He aquí el azúcar ya sin sangre, ha sido largo el viaje y áspero el camino, nació un árbol con sangre de mi herida, canta desde él un pájaro a la vida la mañana se anuncia con un trino.

Por eso, a la pregunta ¿cómo van a mantener el capitalismo?, la respuesta sería, parafraseando al poeta, sin trino alguno.

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