Martes, 27 de Enero de 2009
¿Comprende Obama la situación en Oriente Medio?
Por: Andrei Fediashin

RIA Novosti.

El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, en su segundo día de trabajo visitó el Departamento de Estado para instruir a los diplomáticos estadounidenses sobre lo que hay que hacer para resolver el conflicto palestino-israelí.


Y como la solución de este conflicto no puede separarse del proceso general que se conoce con el nombre de “regulación en Oriente Medio”, la nueva Administración estadounidense decidió tomar todo ese asunto “bajo régimen de gestión especial”.

Obama prometió que su equipo ahora trabajará “activa y agresivamente” para impedir “que se escurra de las manos la paz en Oriente Medio” y para esto, designó como representante en esa zona al senador George Mitchell, de 75 años. Los círculos en Washington especializados en Oriente Medio calificaron el nombramiento de “buen comienzo en la búsqueda de la continuidad”.

No se puede decir que durante la Administración del saliente presidente George W. Bush nadie se ocupó de este asunto. Sencillamente para Bush, su secretaria de estado Condoleezza Rice y todos los neoconservadores de su Administración, el hemisferio de Israel siempre fue más grande que el palestino.

Y todo lo que dijo Obama al visitar el departamento de estado no supuso un giro radical de la política de EEUU en Oriente Medio.

Durante la Administración de presidente Bush nadie negó la creación del Estado israelí y el palestino en Oriente Medio, la necesidad de interrumpir la creación de nuevos asentamientos israelíes, el levantamiento del bloqueo a la Franja de Gaza, y el establecimiento de la paz teniendo en cuenta los intereses de las partes involucradas.

En general, comparados con la estrategia de Bush, los objetivos y tareas de EEUU en Oriente Medio planteados por Obama quedaron inalterables.

La diferencia radica en que ahora esos objetivos y tareas se pueden plantear y cumplir y no sencillamente anunciar como ocurrió durante la Administración de Bush.

A pesar del entusiasmo sobre el talento diplomático de Rice, su aporte a la situación de Oriente Medio fue muy modesto y en realidad no consiguió nada importante, a no ser de que se le pueda atribuir la división entre los propios palestinos a consecuencia de la rivalidades entre las agrupaciones Fatah y Hamas. La reciente invasión de Israel a Gaza no pudo recomponer esa división pero sí permitió en parte, cicatrizar esa herida interna que corroe la comunidad palestina.

En el problema global que supone para EEUU la situación en Oriente Medio, Israel es mucho más importante que el pueblo palestino. EEUU jamás reducirá su apoyo económico y militar a Israel o suspenderá otro tipo de ayudas.

Los cambios de Obama radican en balancear el tono de retórica diplomática y atenuar las estrategias a favor de la fuerza. Por lo visto, el nuevo presidente comprende en que llegó el momento de aconsejar a Israel de que debe moderar sus ambiciones que en tiempos de Bush crecieron de forma descontrolada y todavía se pueden corregir.

Más que todo, se trata de la “respuesta desproporcionada” a las acciones de Hamas. EEUU siempre consideró necesario expresar seria preocupación sobre las acciones del Ejército israelí mediante “filtraciones” u opiniones “de representantes anónimos de la Administración”.

Ya en el primer día de trabajo de Obama, la prensa “filtró” que de forma “privada” la Administración estadounidense expresó “irritación” por la forma tan dura en que respondió Tel Aviv a los ataques de cohetes lanzados por Hamas, respuesta en la que murieron centenares de civiles palestinos.

Con todo y esto, Obama prometió ayudar a Israel poner fin al contrabando de armas para Hamas desde el territorio egipcio, anunció que proporcionará ayuda financiera a Gaza y promocionará ese tipo de ayuda entre los países europeos.

“Nosotros vamos a invertir tiempo, capital político y dinero en esfuerzos para conseguir la paz”, dijo Obama que por lo visto, quiere realizar lo que empezó y no pudo concluir el ex presidente estadounidense Bill Clinton en los años 2000 y 2001, cuando estuvo a punto de reunir al fallecido líder palestino Yasser Arafat y al ex primer ministro israelí Ehud Barak para la firma de un acuerdo de paz.

Aquí vale tener en cuenta que cuando los presidentes no están muy seguros de cumplir un objetivo, es preferible dejar ese objetivo para el final de mandato como ocurrió con Clinton.

En el caso de que objetivo no se logre, siempre será posible argumentar que no hubo tiempo. Esta vez, hay que reconocer que Obama se planteó sus objetivos con respecto a Oriente Medio al comienzo de su mandato.

A propósito, el senador Mitchell elegido por Obama para su misión en Oriente Medio fue representante del equipo de Bill Clinton (el 80 % del grupo diplomático de Obama fueron hombres de Clinton).

Mitchell fue mediador en las conversaciones para la regulación de Irlanda del Norte, el senador se ganó la confianza del Ejecito republicano de Irlanda IRA y los representantes de Ulster pudo sentarlos en la mesa de las negociaciones y lograr la entrega de armas y el fin de las hostilidades.

Por supuesto que no se puede comparar Irlanda del Norte con Palestina, lo importante es que Mitchell no ha manifestado simpatías por ninguno de las partes involucradas en el conflicto, este tipo de detalles son muy importantes en Oriente Medio.

Por el momento se desconoce el interlocutor israelí que Obama piensa sentar en la mesa de las negociaciones con los palestinos.

Tras la guerra ocurrida en Gaza ya no es importante quién asumirá el poder en Israel en las próximas elecciones parlamentaras convocadas para el próximo mes de febrero.

El ex primer ministro israelí, líder del partido de derecha Likud Benjamin Netanyahu o la líder del partido de centro-derecha Kadima, la actual ministra de Asuntos Exteriores y muy probable primera ministra de Israel Tzipi Livni, ambos con iguales oportunidades de triunfar.

La Administración estadounidense tiene las mismas posibilidades para convencer a cualquiera de los líderes israelíes a firmar la paz con los palestinos porque cuenta con los mecanismos de presión política y económicos necesarios.

Incluso con Netanyahu que es más testarudo, pero la Casa Blanca no se detendrá porque entre otras cosas, necesita establecer nuevas relaciones con el mundo árabe que están tensas hasta el límite por culpa de Bush.

Los árabes están listos para dialogar con EEUU, aunque hay algunos que recelan. El movimiento islamista Hamas por ejemplo, declaró que las palabras de Obama ya las escuchó anteriormente, y que si el nuevo presidente de EEUU sólo quiere hablar y no resolver nada tendrá los mismos resultados que tuvo Bush.

También está listo para las conversaciones el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmd Abbas, ahora a Washington le resta esperar las elecciones legislativas en Israel.

Además, la Casa Blanca está dispuesta a comenzar conversaciones directas con Irán, un país clave en la región y sin el cual la regulación de la situación en Oriente Medio difícilmente será posible. El asunto ahora es que Washington debe convencer a todas las partes involucradas en el proceso de que Obama piensa realizar y cumplir todo lo que dice.