Domingo, 25 de Enero de 2009
Lo que la humanidad debe a los palestinos
Por: Gilles Devers

Délégation Générale de la Palestine en France
Traducción de Manuel Talens

Sé desde hace mucho tiempo que Israel no es un Estado como los demás. Hoy observo con dolor que el crimen de guerra es una elección política para los dirigentes de Israel.


La historia es testigo. Después del Holocausto, ¿acaso la comunidad internacional podía negarse a ofrecer perennidad al pueblo superviviente? Fue una decisión incontestable, pero también una injusticia fundamental para los palestinos. ¿Para “los palestinos”? Sobre todo para aquellos a quienes se les dijo: “Esto ya no es tu tierra, ya no estás en tu casa porque la ONU ha decidido que la tierra de tus antepasados ya no te pertenece”. Y la ONU lo decidió porque la comunidad internacional, durante la Conferencia de Evian en 1939, había cerrado la puerta de la humanidad a la comunidad judía, precipitándola en el infierno nazi. Occidente quería compensar su error, un error que terminaron pagando los palestinos, que no tenían la culpa de nada. Sí, sólo de una cosa: de haber estado donde no debían.

¿Ecuación imposible? En 2009 ya no es el problema, pues han pasado 63 años. En 2009 nada justifica que Israel, potencia económica y militar, utilice la fuerza armada para construir su porvenir. Israel puede continuar con sus guerras. Israel puede continuar impidiendo que los partidos árabes se presenten a las elecciones. Israel puede hacer todo lo que le place debido a su fuerza militar, pero Israel sucumbirá ante la ley, que es más fuerte que él. Pues frente a la inteligencia del mundo, el justo es el más fuerte.

No nos equivoquemos. Hubo otras guerras y otras habrá, con sus horrores. Pero la agresión de Israel de diciembre de 2008 contra Gaza es una sacudida en la Historia.

¿Qué es Gaza? Gaza es una parte de un territorio en el que la comunidad internacional, por cobardía, no ha sabido imponer nunca un Estado. Una población aislada en un territorio de 10 km por 30 km, debilitada por el bloqueo, sin posibilidad de huir. A partir de ahora, cuando Israel quiere ganar una guerra, ataca a la población civil… Final de un sistema. No olvidemos nunca el primer día: 200 muertos. ¿Muertos por qué razón? Porque paseaban por la calle, porque iban a hacer las compras, porque eran niños que regresaban de la escuela.

¿Y cuál es el gobierno que desencadenó la guerra el 27 de diciembre de 2008? Un primer ministro dimitido desde septiembre de 2008 por corrupción y los dos principales ministros de su gabinete –de Asuntos Exteriores y de Defensa– tan políticamente enfrentados que no lograron formar una coalición. Es un poder descabezado el que inició la guerra. Por la mañana, deciden bombardear a la población civil; por la noche, se reúnen. ¡Lo nunca visto! El resultado está ahí: Ban Ki Moon denunció la desproporción en el ataque y hoy exige una encuesta en profundidad para que Israel rinda cuentas. Todas las grandes organizaciones intergubernamentales y ONG denuncian esos crímenes de guerra.

Durante mucho tiempo, cuando escuchaba la palabra Israel, veía como imagen de fondo los campos de concentración y de exterminio, el crimen cometido en la cuna de la cultura. Hoy sigo viendo campos de concentración, pero Israel ya no está ahí.

El porvenir pertenece a los seres humanos que saben construir la paz. Hoy, la paz se llama respeto del Derecho. ¿Sobre qué se sustentan los derechos humanos? Sobre el análisis de 1945 como respuesta a los crímenes nazis, que ahora están de actualidad. Las bases del Derecho humano tienen sus raíces en la criminalidad nazi. Todo viene de ahí. De la Declaración de los Derechos Humanos de 1948 hasta la Convención Europea de los Derechos Humanos, pasando por los múltiples sistemas nacionales, el Derecho de la civilización ha puesto por base que ningún hombre pueda verse afectado por el único motivo de ser quien no debe.

Israel puede echarse a temblar. A temblar porque, lejos de las bombas, ya está en marcha la justicia que lo juzgará. Israel podrá seguir mostrando el músculo de sus helicópteros y de sus carros de combate. Pero un día, dentro de cinco años, de diez o de treinta, rendiremos homenaje al pueblo palestino porque ha sabido hurgar en lo más profundo de lo que nos hace humanos para encontrar la idea misma de los derechos humanos.

Por el mero hecho de existir, sin que nadie pueda aportar la menor apreciación sobre la calidad de mi vida, tengo derecho al ese conjunto de lo que constituye la dimensión humana y que se llama libertad. Por el simple hecho de haber nacido o de vivir en Gaza a punta de cañón cuanto la tierra ya no es mía y me roban el agua, permanezco. Mírame a los ojos, Israel, es un ser humano quien te mira. Escucha lo que te digo, Israel, pues sin el lenguaje morimos. Sal de la prisión de tu violencia y ven a saborear la fuerza de la libertad. Desde hace 60 años buscas por la fuerza encerrarme en una prisión. Los muros rompen mi vida, pero eres tú quien se ha convertido en el prisionero. Prisionero de las certezas que te prohíben ver el mundo. La verdadera libertad se inventa en Gaza, cuando tú has destruido todo. Esa madre afligida, sentada sobre los escombros implorando a Dios, dice todo de la fuerza humana, mientras que tus miserables carros de combate firman el fin de una loca epopeya.

La sabiduría árabe nos dice que no existe la desgracia absoluta. En Gaza, seres humanos han sido asesinados por ser palestinos. Acusados y condenados porque son palestinos. ¿Quién puede hoy imaginar que el crimen sea rentable? ¿Quién puede imaginar que Israel llevará al paraíso a los niños que ha asesinado en Gaza? Es la justicia humana la que restablecerá el orden y devolverá a los palestinos al lugar que se han ganado en la Historia.

Fuente: Ce que l’humanité doit aux palestiniens

Gilles Devers es abogado francés. En la actualidad coordina una coalición multinacional de más de 300 asociaciones que con el lema «a la violencia debe responder la justicia» pretende sentar en el banquillo de los acusados a Israel por crímenes de guerra, ante la Corte Penal Internacional (CPI).

El escritor español Manuel Talens es miembro de los colectivos de Rebelión y Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, al traductor y la fuente