Domingo, 18 de Enero de 2009
“Papi, me muero”: Soldados israelíes usaron a niño para practicar tiro

Así lo denunció su padre, Kamal Awaga, a Islam Online. Asegura que, luego de que su casa fue bombardeada y su hijo se desangraba, él tuvo que fingir estar muerto para salvarse. Soldados israelíes tomaron el cadáver de su hijo y lo usaron para practicar tiro por una hora.

Ola Attallah, Islam Online – Traducido al español por Luigino Bracci para Yvke Mundial


“Papi, me muero”. Las palabras continúan rebotando en los oídos de Kamal Awaga, enviando sacudidas de dolor en su cuerpo, débil y herido. Esas fueron las últimas palabras pronunciadas por su hijo de 9 años, Ibrahim, antes de que terminara como blanco de práctica de soldados israelíes.

“Ellos mataron mi hijo a sangre fría”, dijo el padre afectado por el dolor, aún en estado de shock. Ibrahim se unió a la lista de más de 350 niños asesinados por Israel en sus 3 semanas de ataques contra el enclave palestino.

Pero mientras otros niños fueron víctimas de municiones asesinas o bombas mortales, el destino de Ibrahim fue aún más trágico: él se convirtió en un objetivo de práctica para los soldados israelíes. “No tuvieron piedad por su inocencia”, dijo su padre envuelto en lágrimas desde su cama en el hospital Al-Shefa en Gaza. “No tuvieron piedad de su flaco cuerpecito”, añadió.

Un día soleado

Nada pudo preparar a la familia Awaga de los trágicos eventos que los sacudieron. Ellos se despertaron en una soleada mañana después de días de haber estado encerrados en un pequeño cuarto, de donde escapaban del masivo bombardeo israelí. “Mamá, hagamos nuestro desayuno en el jardín, estoy cansado de estar en este cuarto”, dijo Ibramin según recuerda su apenada madre.

Una hora después, colocaron una mesa en el jardín y la familia esperaba disfrutar de raros momentos de paz, sin estar conscientes de los ojos que los observaban a la distancia.

Un primer misil destruyó el trabajo familiar antes de que otro destruyera su casa. “Papá, me muero”, lloraba Ibrahim a su papá, quien corrió frenéticamente a su lado. “Apúrate, vamos”, dijo Awaga a su esposa y otros dos niños mientras se llevaban a Ibrahim, envuelto en sangre.

Pero antes de que pudieran llegar a la puerta, un diluvio de municiones los alcanzó. Una bala le dio a la madre en una pierna y otro alcalzó al padre en la cintura. Los dos hermanos de Ibrahim corrieron buscando refugio detrás de los restos de su bombardeada casa.

Práctica de tiro

Cuando los disparos terminaron, la familia pensó que su miseria había culminado. Pero los soldados israelíes aún no habían terminado. “Cuando los soldados se acercaron, pensé que iban a matarme”, dijo Awaga quien fingió estar muerto. “Pero ellos apuntaban a mi hijo”, dijo asfixiado en el amargo recuerdo.

Un soldado se acercó al cuerpo de Ibrahim, le dio la vuelta agarrándolo por la pierna y se rió mientras que otro disparó su arma contra su cuerpo. Las risas aumentaron mientras ellos llevaban su cuerpo a un lugar más alto para iniciar su “celebración”.

Por una hora, el padre ocultó sus gritos de dolor mientras miraba a los soldados israelíes competir en disparar al cuerpo de su hijo muerto. “Usaron su cuerpo sangrante para practicar tiro”, dijo. “Con cada tiro, ellos canturreaban palabras que no alcancé a entender, pero sonaban como a arrebatos, como si estuvieran celebrando”.

Cuando terminaron su “práctica”, los israelíes tomaron sus armas y abandonaron la casa. Pasaron cuatro días antes de que los equipos de emergencia pudieran llegar a la familia y llevarlos al hospital.

“¿Qué hizo mi hijo para merecer eso?”, preguntaba Awaga. “Los israelíes mataron a mi hijo, no una ni dos veces, sino miles de veces”