Sábado, 3 de Enero de 2009
¿Creencias religiosas en la revolución? No gracias, ni que vengan del Presidente
Por Xavier Padilla

Realmente basta ya: el cristo, o el redentor, es asunto personal de cada quien. Los valores morales necesarios a la revolución y a la vida humana en la sociedad progresista a la cual aspiramos llegar, no tienen por qué ser buscados en hipótesis o creencias en seres imaginarios o de dudosa historicidad, ni en última instancia en ningún supuesto ser superior de ningún tipo: estos valores y principios son perfectamente obvios al sentido común, que es lo que nos enseña o trata de hacernos comprender el humanismo.


Nacen de la lógica inherente al principio de solidaridad en el cual se inscribe la justicia social. Brotan de la igualdad de derechos y deberes que surgen a nivel colectivo por el reconocimiento de sí mismo que el individuo encuentra en otro de su misma especie, incluso en la complejidad aparentemente impersonal y multiforme de su entorno natural, que es el medio en el cual se realiza su experiencia y por cuyo frágil equilibrio respira. ¿Por qué no pregonar esos principios, ese conocimiento simplemente a través de la vía laica, razonada? ¿Por qué servirse de mitos y leyendas? ¿Tememos que la gente no entienda, o no hemos nosotros mismos entendido aún?

En vez de difundir los valores del socialismo, de la solidaridad, de la comunidad, de la comunión entre los seres humanos, del equilibrio universal, en fin del amor (todos ellos valores y rostros de la vida perfectamente explicables por sí mismos), nuestros dirigentes —especialmente nuestro Presidente— se empeñan en no perder la oportunidad de enseñarlos a través de mitos, o personajes no verdaderamente históricos y con poderes extravagantes de dioses; o por medio de dudosas escrituras, de hechos no probados, de invenciones casi folklóricas e igual en categoría que los actos de magia o sobre naturales, como los famosos milagros. ¿Es así como pretendemos sacar de la oscuridad al pueblo, el cual está hambriento no sólo de pan, sino de también de conocimiento? ¿Es esa la mejor forma de educación que le reservamos al necesitado soberano? ¿No es el conocimiento, precisamente, lo que liberará al pueblo? ¿O es que estamos interesados en mantenerlo ciego?

Hablando de educación, por cierto, hace poco vi una propaganda por VTV, en ella aparece un niño que cuenta lo que hace cuando llega a su casa de la escuela: “lo primero que hago es que suelto los libros y me voy a jugar afuera con mis amigos del equipo”. El tema de la propaganda era algo sobre el deporte, muy bien. Ahora, ¿es esa la educación que promueve el socialismo, la de un niño que llega de la escuela y lo primero que hace es salir a jugar (incluso si es deporte)? No es de extrañarse, entonces, que en nuestro país, a la hora de querer profundizar en sus estudios la gente tradicionalmente busca una beca y se va al extranjero, a los llamados países del primer mundo, donde los profesores, al igual que los niños actuales en esos países, no supieron en su vida lo que es salir a jugar al regresar de la escuela. Lo único que se ha hecho siempre en esos países es llegar de la escuela y ponerse todos los días a hacer directamente la tarea, bastante copiosa ella por cierto. ¿Será que nosotros nos vamos a estudiar luego a esos países porque la gente en ellos es, así no más, simplemente más inteligente?

Hay que tomarse en serio el estudio, la educación; pero sobre todo saber de qué se trata…

Y la laicidad tiene mucho que ver con eso, con el estudio, con el vencimiento gradual del oscurantismo. La religión, con el perdón de los creyentes, es oscurantismo. Si no lo es, ¿qué es entonces en este mundo, camaradas, oscurantismo?

Si desde el Presidente de la república, auto declarado y por todos tenido como revolucionario y líder supremo de esta revolución, estamos recibiendo, cada ocho de diez veces, ejemplos, explicaciones y directivas sobre el socialismo a través de la religión (esto es, a través de supuestos, de creencias y, a lo sumo, de “verdades íntimas”), y no de la ciencia o simplemente de la razón (cuyos avances y logros han costado tantas vidas humanas a manos, precisamente, de la religión y sus hogueras anti-heréticas), ¿dónde entonces realmente estamos? ¿Y hacia dónde queremos avanzar?

¿Es que creemos que la separación de la iglesia y el Estado fue una cosa sencilla de lograr, o aun un simple capricho? ¿Es que ignoramos que lo reivindicado es uno de los más grandes logros obtenidos por los pueblos en su lucha contra la dominación por la ignorancia? ¿Y el humanismo, no es el fruto más preciado de tal conquista? ¿Y de tal conquista, no está llamado el socialismo a ser su más alta expresión?

xavierpad@gmail.com