Miércoles, 31 de dicembre de 2008
Revolución año 50: América Latina, adiós a las quimeras
Por: Marcos Alfonso

Gabriel García Márquez se cuestionaba en cierta ocasión: “¿Por qué la justicia social de los países desarrollados no puede ser también un objetivo latinoamericano y caribeño con métodos distintos en condiciones diferentes?”.


Tal utopía, en la cual cada quien labra sus destinos, va dejando de ser quimérica y en el presente aparece para nuestros pueblos lo que el Gabo ha calificado, con sobrada razón, “su segunda oportunidad”. América Latina y el Caribe no son como “un alfil sin albedrío”, por eso tampoco tienen nada de fantásticos sus designios de independencia.

La derrota germana en la conflagración mundial de finales de la década de los años 40 representó que Europa desertara de ser el centro del mundo, como había acaecido desde su expansión a ultramar en el siglo XVI, merced a los esfuerzos de España y Portugal, a quienes prosiguieron después los de Inglaterra, Francia y Alemania.

Desde la conquista y hasta hace poco menos de un decenio -con la excepción de Cuba, que logró su independencia en 1959– los pueblos latinoamericanos y caribeños no han tenido ni un instante de sosiego: los últimos seis golpes de estado así lo sentencian (Brasil, Argentina, Chile, Uruguay, Bolivia y Perú).

La “ciencia” del poder por la fuerza, desde la desaparición de nuestros aborígenes, la importación de esclavos venidos desde la lejana África y la mixtura de las sociedades bajo la égida del neocolonialismo, han signado el devenir de los pueblos de esta parte del mundo.

El advenimiento de la Revolución Cubana, sin equívocos, estampó un viraje. A partir de la resistencia y la firmeza, ya no frente a Europa, sino de cara al nuevo monarca, el imperialismo norteamericano, América Latina vio temprano el desarrollo de movimientos guerrilleros, algunos de los cuales aún persisten.

También sintió en carne propia varias invasiones militares a sus territorios: la Granada, de Maurice Bishop; el Panamá, de Omar Torrijos; el Santo Domingo, de Francisco Caamaño… y asistió a esfuerzos de cambios no violentos frustrados por las fuerzas reaccionarias internas y externas.

Otra etapa de frustraciones en el continente en los últimos 50 años, fue atravesar la larga noche de las dictaduras militares: Chile, Paraguay, Argentina… con su secuela de miles de muertos y desaparecidos, y el desprecio irreverente ante la vida de los seres humanos.

El ejemplo chileno es el más elocuente por su crueldad e irrespeto a la voluntad popular. El genocida Augusto Pinochet atacó el Palacio de La Moneda como si se tratara de una fortaleza militar y ultimó al genuino presidente de esa nación, Salvador Allende.

La represión que continuó, asesorada por altos oficiales de la CIA y el Pentágono, creó un clima de terror en esa y otras naciones del continente, cuyo clímax resultó la Operación Condor. Todavía hoy se desconocen el número de asesinados y desaparecidos por aquellos regímenes de terror impuestos contra la voluntad popular.

La política socio-económica capitalista imperante en el subcontinente desde los lindes del pasado siglo, convirtió a los millones de moradores de esta parte del orbe en simples objetos o mercancías que, a la luz de los posteriores tiempos neoliberales, exacerbaron el saqueo, el abandono y el irrespeto por la vida. Tales circunstancias, en los últimos ocho años, han propiciado los actuales y futuros cambios políticos en Latinoamérica.

Notables alternativas democráticas en diversos escenarios de la región dignifican al nuevo hombre en América. La ascensión al poder de gobiernos favorecedores de los desposeídos, la búsqueda de alternativas económicas para el desarrollo equitativo y justo, el rescate de los principales recursos económicos, signan los desafíos del presente.

Ejemplos palpables son la invicta Revolución Cubana; la Venezuela socialista que proclama y desarrolla Hugo Chávez desde las realidades de esa nación; el gigante Brasil que Lula potencia; Ecuador, con su nueva Constitución y cambios económicos que encabeza Rafael Correa; la otrora olvidada Bolivia con Evo Morales al frente que avanza con paso firme por el Altiplano y las transformaciones vigentes en otros estados, centro y suramericanos, y caribeños.

Toda una revolución en ebullición que sobrepasa fronteras y se convierte en acicate común para luchar por esa existencia arrancada tantas veces y hace valedera la sentencia del escritor William Faulkner: “Me niego a admitir el fin del hombre”.

En síntesis, se trata del presente en el cual la voluntad de las masas, azotadas por graves e históricos problemas socioeconómicos, y la incapacidad de las políticas imperialistas para resolverlos, impulsan la eclosión de gobiernos de izquierda que renuevan el paisaje político en esta parte del mundo.

Los descalabros de todo tipo transitados por América Latina y el Caribe, se inscriben en un pasado para el cual no deben existir los regresos. En todo caso, sí la certeza de que permanecer y luchar, como acontece en buena parte de la región actualmente, es la cualidad superior para triunfar. Recordemos que de las grandes hecatombes nacen las grandes soluciones.

http://www.argenpress.info/2008/12/revolucin-ao-50-amrica-latina-adis-las.html