Viernes, 26 de dicembre de 2008
No es lo mismo un pernil de cochino en agosto que en diciembre
Por: Luis Alberto Matos

“El dinero es una mercancía especial a cuyo valor de uso se ha adherido sólidamente la forma equivalencial del valor”
Borísov y Makárova


Valor, costo y precio, tres conceptos totalmente distintos, suelen ser confundidos como si fuesen sinónimos del mismo vocablo. Si hablamos de economía, esa amplia disciplina o ciencia según querramos calificarla, estamos obligados a pensar en la escasez. Y frente a ésta, especialmente cuando es apremiante y nuestros recursos no cubren el requerimiento del mercado, valor, costo y precio suelen ser muy diferentes.
El precio me recuerda a esos elementos químicos, altamente inestables, que sólo se obtienen en laboratorio y que sabemos que existen porque los científicos así nos lo aseguran. El ununbio (masa atómica de 285, para los estudiantes de química) tiene una vida media de 0,24 milisegundos. Lo obtienen bombardeando láminas de plomo con iones acelerados de zinc. El ununquadio dura 30 segundos y el ununhexio apenas 6 milisegundos, ambos producidos dentro de un ciclotrón.

Así es el precio. Antes de la compra sólo habían cifras de oferta, por parte del vendedor, contra una demanda del posible comprador. El precio sólo existe durante esos segundos cuando transcurre su cancelación. Ni siquiera sobrevive hasta la entrega del producto. Después del pago, esa cifra entregada por el cliente e ingresada a la caja de la empresa, es apenas una referencia de un hecho pasado.. Vaya Ud a cualquier Centro Comercial y trate de adquirir hoy, determinada mercancía, pagando la misma cifra que alguien entregó por una idéntica en una fecha anterior. ¿Subió el precio? Nó. ¡Hay ahora una nueva oferta del mercado!

El costo ni siquiera llega a ser una referencia. Y el valor no tiene absolutamente nada que ver con ninguno de los dos, entre otras cosas porque no puede ser medido con la misma unidad. Aquellos se cuantifican en dinero. El valor es una relación directa a la necesidad que satisface.

Surge así el valor de uso, diferente al valor de cambio que el mercado, especialmente el del trabajo, nos ha inculcado desde aquella sentencia que quiere obligarnos a ganar el pan con el sudor de la frente. (Los jerarcas del mercado capitalista –fieles divulgador de tal máxima- lo obtienen con el sudor de tu frente; no la de ellos).

Ese valor de uso es la aptitud de un bien, saber o servicio para satisfacer una necesidad, y nó necesariamente coincide con el valor de cambio. Cuando lo mido en dinero, siempre dejo una parte importante en ese gran torrente de desvío de las riquezas de todos a las arcas de esa minoría que cree tener privilegios supremos para atesorarlas en su propio beneficio.
Diversas formas

Según V. A. Zhamin, el valor de determinado bien o servicio puede presentarse en cuatro formas diferentes: 1) simple: según su producción mercantil, 2) desarrollada: en relación al trabajo invertido para obtenerlo, 3) general: en función de una mercancía, con lo cual surge el valor de cambio, y 4) en forma de dinero.
Esta última, desviación total del concepto “valor” al medirlo según resultantes del mercado, conduce a absurdos que obtenemos al comparar algunos bienes comunes. Por ejemplo: ¿saben Uds que, midiéndolos en dinero y según las ofertas en el mercado, la tinta negra para impresoras portátiles es más cara que el plasma sanguíneo? Y estoy seguro que no vamos a comparar los valores de imprimir un documento y salvar una vida.

Lugar y tiempo

El valor de cambio aparece primero como la proporción en que los valores de uso de un tipo se cambia por los de otro. Pero esta proporción varía con el tiempo y el lugar, Sería muy lógico que, aunque los costos de producción fuesen diferentes, mientras el nivel técnico del producto sea idéntico, la unidad del mismo debería tener el mismo precio en un mismo mercado.

No sucede así en la práctica. Si tienes alguna duda, pregunta en cuánto te venden determinado vehículo. Luego trata de averiguar cuánto le dijeron a otro que tenía más cara de comer con cubierto, ¡perdón! más ostentación de poder adquisitivo.
Comparemos precios: el barril de petróleo, en pocas semanas, bajó de más de 150 dólares a menos de la tercera parte de esa cifra. La disminución de la oferta de gasolina en las estaciones de servicio, especialmente en Europa, no llegó en muchos casos ni a la mitad. Hubo serias protestas, del público comprador, que obligaron a rebajas posteriores.

Y en paralelo, mientras hay una crisis de circulante, de empleos, de ganancias, de compras, cuando todos los precios deberían seguir el mismo comportamiento, nuestro petróleo se vende mucho más barato, pero lo que ellos nos ofrecen luce incluso hasta más caro.

Futuro socialista

Un viejo texto de Economía nos dice: “Bajo el régimen normal de producción capitalista de bienes y servicios, el valor de uso interesa al capitalista únicamente como portador del valor y de la plusvalía, pues el fin inmediato de dicho tipo de producción no consiste en satisfacer las necesidades de la sociedad y del hombre, sino en extraer ganancias. Bajo el régimen socialista, la creación del valor de uso de la mercancía, en determinada cantidad, surtido y calidad, tiene como objetivo directo el de satisfacer en grado creciente las necesidades de los miembros de la sociedad.”

Mantiene total vigencia. Nuestro futuro debe ir hacia una economía socialista donde lo vital sea la satisfacción de las necesidades de toda la población.
jaquematos@cantv.net