Domingo, 21 de dicembre de 2008
Presidente de Ucrania aspira a que la hambruna de los años 30 sea considerada tragedia exclusiva del pueblo ucraniano
Por: Yuri Trofímov*

RIA Novosti.

Se aproxima el fin de 2008, declarado por el presidente ucraniano Víctor Yúschenko año dedicado a conmemorar en toda Ucrania la gran hambruna ocurrida en la Unión Soviética en los años 30, o Golodomor como se conoce esa tragedia en el país eslavo.


Erigida por la presidencia ucraniana como una poderosa campaña propagandística, la conmemoración de Golodomor incluyó programas diarios de televisión dedicados al hambre en vastas regiones agrícolas de la URSS entre los años 1932 y 1933, y de acuerdo a la versión oficial expuesta por Kíev, esa tragedia fue un genocidio contra el pueblo ucraniano ejecutado premeditadamente por Moscú.

La campaña abarcó la publicación de miles de artículos en periódicos y revistas, la edición de numerosos trabajos científicos y del «Libro del Recuerdo Nacional», que incluyó los nombres de más de un millón de ciudadanos ucranianos fallecidos a consecuencia del hambre.

Hasta el momento, en las escuelas de Ucrania se imparten clases obligatorias relacionadas con el Golodomor. Una de ellas, la dictó personalmente Yúschenko quien considera que el reconocimiento internacional del Año del Golodomor es uno de los objetivos principales de su programa político.

Según Yúschenko, cualquier refutación pública al «genocidio ucraniano», supone «un insulto a la memoria de los millones de víctimas del hambre colectivo, y una ofensa a la dignidad del pueblo de Ucrania».

A partir de esas consideraciones, cualquier intento público en Ucrania que ponga en duda la postura oficial sobre el Golodomor, es calificado por las autoridades como una acción ilegal, que implica responsabilidades penales.

En consonancia con esa postura, la comisión política de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa cometió un acto ilegal, porque rehusó reconocer el hambre ocurrido en los años 30 en la URSS como una tragedia exclusiva del pueblo ucraniano.

Porque las referencias históricas más difundidas indican que además de Ucrania, el hambre de los años 1932 y 1933 en la URSS afectó a todas las regiones agrícolas, en especial las productoras de trigo, como la región de Kubán, el Don, la zona del río Volga, las provincias de Tierras Negras, en el centro europeo de Rusia, el sur de los montes Urales, Siberia Occidental y la actual república de Kazajstán, en Asia Central.

En todas esas regiones las autoridades soviéticas impusieron de forma obligada la colectivización de la agricultura (expropiación y nacionalización de latifundios, y la creación de las granjas estatales y cooperativas), no siempre de una forma planificada y con métodos adecuados. Esos acontecimientos hace tiempo obtuvieron el correspondiente reconocimiento y la valoración histórica y política.

En ese entonces, el objetivo del Gobierno soviético era garantizar a cualquier precio los suministros de trigo y de mano de obra en las ciudades para el rápido desarrollo de la industria.

Ese proceso afectó en particular a Ucrania donde precisamente en los años 30 se produjo un fuerte salto hacia la industrialización. La forma tradicional de vida en el campo cambió radicalmente, y esto, originó situaciones conflictivas inevitables.

A los esfuerzos de las autoridades de forzar la colectivización, los campesinos respondieron con sabotajes a los suministros de trigo.

Para financiar la industria y adquirir maquinaria y tecnología en el extranjero, el Estado soviético necesitaba divisas y para ese tiempo, una de las principales fuentes de moneda extranjera era la venta de trigo.

La recesión económica a finales de los años 20 y comienzos de los 30 en Occidente condujo a la caída del precio de las exportaciones, y para conservar el flujo de divisas en el nivel requerido, el Estado soviético se vio obligado a duplicar sus exportaciones de trigo.

Esta circunstancia agravó la situación de los campesinos porque funcionarios públicos (comisarios) con autorización del Gobierno soviético prácticamente despojaron a los campesinos de todos sus bienes. Esto último fue una profunda contradicción social, pero ningún caso fue una confrontación étnica.

Según muchos historiadores, entre ellos el reconocido investigador ucraniano Mijaíl Volguin, en los estudios detallados de documentos del Partido Comunista de aquellos años no aparecen indicaciones de que la colectivización de la agricultura implicara que el pueblo ucraniano debió ser aniquilado por motivos étnicos.

Los miembros de las brigadas encargadas del decomiso del trigo y los comisarios que realizaron la colectivización en Ucrania fueron en su mayor parte ucranianos.

En el verano de 1930, Ucrania tuvo una cosecha de cereales muy abundante y aunque entonces no se hizo ninguna mención sobre el riesgo de una escasez de alimentos, los dirigentes ucranianos en las reuniones del partido advirtieron que los campesinos se negaban a recolectar la cosecha y circulaban llamamientos a dejar que se perdiera el trigo en los campo de cultivo para asfixiar al poder soviético con el hambre….

«Nuestra tarea es poner fin al sabotaje impuesto por los terratenientes, hay que recolectar por todos los medios hasta el último grano de la cosecha e inmediatamente enviarlos a los puntos de distribución. Hay información que los campesinos esconden la cosecha en depósitos subterráneos, debemos obligarlos a que denuncien sus escondites», dice uno de los tantos documento de las autoridades comunistas ucranianas de esos años, citado por los historiadores.

Y así ocurrió, brigadas de funcionarios obligaron a los campesinos a abrir los depósitos en donde escondían el trigo, que tras ser incautado era transportado en camiones hacia las ciudades donde ya se sentía la escasez de productos.

Las autoridades impusieron a los campesinos entregar al Estado cuotas determinadas de la cosecha y el incumplimiento de la cantidad estipulada era castigado de la manera más severa.

Según algunos historiadores, fue una medida inevitable adoptada en condiciones extremas, cuando el intercambio comercial entre la ciudad y el campo no funcionó de la forma adecuada como ocurre en situaciones de emergencia.

Al mismo tiempo, 1932 fue un año seco y la cosecha de trigo no fue suficiente para abastecer el campo y las ciudades, comenzaron tiempos de hambre y epidemias relacionadas con la inanición colectiva que se cobró la vida de al menos siete millones de personas.

Esta fue una tragedia espantosa para la URSS y todos los pueblos que la habitaban. Ante semejante situación afirmar que alguien premeditadamente intentó matar de hambre exclusivamente a los ucranianos es incorrecto e inhumano.

Es sacrilegio cavar las fosas comunes y dividir las osamentas de las víctimas por sus nacionalidades.

El escritor ruso Alexandr Solzhenitsyn a que difícilmente se le puede atribuir sentimientos de simpatía por el poder soviético en relación a la hambruna de los años 30 recordó que en el imperio ruso ocurrieron frecuentemente sequías y calamidades en diferentes lugares y que el hambre también segó la vida de millones de personas en el siglo XIX y a comienzos del siglo XX.

Entonces, a nadie se le ocurrió utilizar la palabra «Golodomor», esta expresión provocadora por su alusión al genocidio comenzó a utilizarse décadas después de haber ocurrido, resaltó Solzhenitsyn al diario Izvestia.

«En un comienzo, esa palabra (Golodomor) apareció soterradamente en las mentes de los chovinistas ucranianos enfrentados hostilmente contra los moskalí (en Ucrania, expresión despectiva para nombrar a rusos), ahora se eleva en los círculos gubernamentales de la actual Ucrania», indicó el premio Nóbel de literatura.

Recientemente, durante una sesión ordinaria del Consejo de Ministros de Asuntos Exteriores de los países de la Comunidad de Estados Independientes (CEI) la delegación ucraniana de nuevo propuso reconocer el hambre de los años 30 acto de genocidio contra el pueblo ucraniano. Pero la propuesta no fue aprobada a lo que el ministro de Relaciones Exteriores de Ucrania Vladimir Ogrizko, dijo que en su forma actual, la CEI no tiene perspectiva.

Según Ogrizko, la CEI que aglutina a la mayoría de los países del espacio postsoviético debió reconocer que el hambre en los años 30 fue un genocidio exclusivo contra el pueblo ucraniano, lo que permitiría a Kíev emprender una demanda formal contra Rusia.

Al respecto, el canciller ruso Serguei Lavrov intervino categóricamente en contra la politización del asunto tan trágico como el hambruna de los años 30 que desde hace muchos años ya obtuvo la valoración ética, moral y política por parte de políticos, expertos, e historiadores.

«Esa fue nuestra tragedia común», – dijo Lavrov- «en Rusia se comparte el dolor de los ucranianos, la pena de los kazajos, de la misma forma en que esos pueblos comparte la aflicción de Rusia por las vidas perdidas en esos años aciagos. Ahora es necesario marchar hacia adelante y solucionar los asuntos concretos y reales que actualmente afrontan nuestros países», resaltó Lavrov.

Algunos de esos asuntos concretos y actuales citados por el canciller ruso, en cierta forma están relacionados con el mencionado Golodomor.

El pasado verano boreal, las autoridades en las principales ciudades de Ucrania implantaron las denominadas tarjetas sociales para el pan. En un comienzo, las tarjetas se distribuyeron en Kíev donde el precio del pan de golpe se duplicó, y después, la medida se extendió al resto de las regiones, a pesar de que el presente año en el país se recolectó una cosecha record de cereales.

La situación actual con el pan no amenaza una hambruna, se trata probablemente de fallos de gestión de la economía nacional en situaciones específicas.

Según los medios de información, en comparación con el año pasado en Ucrania el precio del combustible, abonos y pesticidas aumentaron en más de 150 %.

Mientras que en el mercado interno el precio de la tonelada de trigo oscile entre las 1.200 y 900 grivnas, el trigo ucraniano saldrá a torrentes fuera del país donde se vende a precios mucho más altos.

En calidad de nuevo miembro de la Organización Mundial de Comercio, el Gobierno de Ucrania no puede implantar medidas coercitivas para detener sus exportaciones de cereales, y en consecuencia, los graneros destinados a abastecer el país corren el riego de quedar vacíos.

Y ningún «comisario de Moscú» podrá ser acusado de ser el responsable de esto. Como tampoco podrá responder por qué durante el período de la actual Ucrania independiente su población se ha reducido en seis millones de personas.

Al mismo tiempo, en al Parque de la Dignidad, a orillas el río Dniéper, cerca a la Laura de Kíev- Pechersk, se ha erigido un ostentoso monumento a las víctimas del Golodomor fallecidas hace 75 años. En las actividades dedicadas a la conmemoración de esos trágicos acontecimientos fueron invitados los Jefes de Estado de decenas de países.

El presidente de Rusia, Dmitri Medvédev, declinó la invitación de viajar a Kíev para asistir a esas conmemoraciones. En una carta remitida a las autoridades de Ucrania, el presidente ruso subrayó que no comparte la postura oficial de las autoridades ucranianas en relación al llamado Golodomor.

En respuesta a la invitación extendida por el presidente Yúschchenko, en su carta Medvédev indicó que en los últimos años, el tema del hambre en los años 30 y los planes del Gobierno ucraniano de que ese país sea admitido en la OTAN, se han convertido prácticamente en los elementos centrales de la política exterior de Ucrania.

La misiva del presidente ruso destacó que los esfuerzos emprendidos por el Gobierno ucraniano al promover estos dos asuntos, «más que todo, están encaminados para distanciar al máximo nuestros pueblos, tradicionalmente unidos por estrechos vínculos históricas, culturales, religiosos y sentimientos especiales de amistad y confianza mutua».

Desafortunadamente, esas son las intenciones del presidente ucraniano.

Yuri Trofímov es periodista independiente.