Miércoles, 3 de dicembre de 2008
Atentados en India: Todos los caminos conducen a Pakistán
Por: Juan Francisco Coloane

Los atentados en Bombay, India, de la semana pasada, se sitúan más bien en el rango de una ciudad sitiada por terroristas en una de sus zonas neurálgicas, que en el ataque más convencional de explosiones u operaciones suicidas.


En el área escogida, se ubican los dos hoteles más emblemáticos de una ciudad que es el centro financiero de India; como haber atacado Nueva York.

La operación no corresponde al diseño de aviones que se estrellan en dos torres gigantescas, ni es el de Londres de bombardear y crear pánico en el Metro.

El aparataje y despliegue en este caso, son de mayor elaboración con objetivos más expansivos, bajo una organización articulada donde se detecta una detallada organización militar de varias etapas, y quién sabe si lo que se conoce hasta ahora es todo.
Claramente no, y por allí va el hilo conductor para que las autoridades indias estén apuntando a Pakistán, no necesariamente al gobierno actual, pero sí al complejo mundo del Ejército pakistaní.

Por lo observado desde que asume el General Zia ul Haq(1977-1988), con un golpe de estado que derriba al padre de Benazir Bhutto , hasta el reciente ex presidente Musharraf, este ejercito se ha constituido en la fuerza política de mayor gravitación en el país. Y ¡ojo!, eso no le quita méritos al nivel de sofisticación de la maraña política pakistaní y a su componente civil. El brutal asesinato de Benazir Bhutto así lo demuestra, donde la lectura elaborada, se combina con los instintos jugados hasta el límite.

Hasta el momento, se ha descartado que los autores pertenezcan al movimiento separatista de Cachemira, que de todas formas siempre ha sido alimentado por fuerzas políticas y militares pakistaníes.

El doble mensaje

La noticia «dura» son -por ahora- los más de 170 muertos, cuyo número se eleva día a día, mientras se expande la indagación. Sin embargo hay otra, no menos dura que escurre más bien como un mensaje político, indicando la vulnerabilidad de India a este tipo de ataques y sobretodo a una falta de prevención en el Gobierno.

En este sentido, es altamente contraproducente magnificar el impacto político del atentado en Bombay. Sea, desde la necesidad de llamar la atención con vista a la protección futura, sea con la intención de entregar un salvoconducto para reimpulsar en India la guerra contra el terrorismo.

En ambas situaciones, los observadores más críticos de la forma en que el Gobierno indio manejó la operación de rescate, intentan abrir un surco para uniformizar la zona o la región, en cuanto a las estrategias de seguridad que garanticen estabilidad.

La idea es que India, que se había mantenido relativamente «neutral» y ecuménica en una posición de mediación y observancia critica, respecto a las emergencias en Irak, Irán, Afganistán y Pakistán, ahora deberá tomar decisiones más duras o realistas, que son las que han predominado con la doctrina Bush en la lucha antiterrorista.
El país de Gandhi, entraría así al poco cómodo y exclusivo club de los países con alto margen de vulnerabilidad o umbral corto, para absorber brotes de inestabilidad.

Considerando la operación mayor que se avecina en Afganistán con la llegada de Barack Obama, y la creciente violencia interna en Pakistán, cuya estabilidad no está garantizada bajo una tutela supuestamente más civil, India deberá enfrentar decisiones mayores de tipo estratégico y militar, con los cuales no había estado acostumbrada a manejar de cara al público.

Una situación es el terrorismo internacional que podrá alimentarse desde «escuelas radicales» ubicadas en Pakistán entre otros países, otra, es estar bajo la constante presión de situaciones límites de descomposición de estados en el vecindario, o la amenaza militar directa de un vecino como Pakistán.

India en otra fase

El nivel de responsabilidad que debería asumir India como potencia regional, – si es lo que se espera, y si es lo que India estaría capacitada a hacer- supera el tipo de problemas a los que había estado acostumbrada a manejar en el circuito inmediato de su área de influencia, como es el caso de Sri Lanka o Nepal.

Con estos atentados, por sus características y su alto vuelo político, el terreno que se abre en India, plantea un regreso a la época del realismo sin contemplaciones, de la época de Jawaharlal Nehru e Indira Gandhi, cuando la nación zafrán directamente intervenía militarmente en el Pakistán oriental – hoy Bangladesh- a comienzos de los años 70, y en su breve guerra fronteriza con China en 1962.

A pesar de los acuerdos de cooperación de India con EEUU, China y Rusia, de ser correcta la versión de que los atentados han sido maniobrados por un sector más radical y autónomo del ejército pakistaní, en la región se está confirmando la prescindencia de mantener estabilidad y equilibrios, que es otra faceta del legado de la administración Bush.

Pakistán por su propia supervivencia como estado nación – a pesar de ser un gigante por recursos y demografía- al constituir un aliado preferencial de EEUU en la zona, debería ser un actor clave en la generación de esos equilibrios. Hasta ahora, por el como se ha desarrollado la narración política pakistaní, eso no ha sido posible.
El momento en que ocurren estos atentados, mientras no aparezcan antecedentes mas abiertos, entrega una hebra de su origen. La mayor cercanía de la administración de Manmohan Singh, el actual primer ministro indio, con la administración Bush, reflejada en el pacto indo-estadounidense de cooperación nuclear, ha enrarecido el ambiente.

Si la India ha de asumir el rol de potencia regional, es probable que la gran discrepancia del Gobierno indio sea en la velocidad y en el estilo. En medio de un mundo internacional que no ha recuperado los equilibrios de poder, India últimamente se ha convertido en representante del poder persuasivo y constructivista por usar términos en boga. De allí que la dureza intrínseca de las fuerzas de seguridad y del ejercito indio, curtidas en luchas antiterroristas, se ha visto apenas desplegada en esta operación. De allí también la postura de algunos sectores -en India particularmente- de que India se encamine vigorosamente en otra fase.