Reflexiones socialistas desde el campo
Por: Mirla Sandoval

Prof. UNESR
Mirlasand15@gmail.com

En el marco del proceso bolivariano, tenemos como propósito en estas líneas continuar la reflexión iniciada en artículos anteriores, publicados por este medio.


Por ahora queremos compartir nuestras impresiones acerca de la educación en el campo para los bolivarianos, con lo cual no nos referimos a los 27 millones de habitantes que tiene nuestro país de manera individual, sino a las diferentes categorías que surgen de las características multiétnicas, pluriculturales, geopolíticas y sociales que identifican a nuestra población y que aún siendo una en la diversidad, es decir Venezuela, tienen diferencias que deben ser consideradas al elaborar las estrategias y procedimientos, que nos llevarán a un modelo de país en el cual todos tengamos las mismas oportunidades.

En este sentido, creemos incorrecto para tan importante propósito, pensar nada bajo la lógica de producción en serie propia del capitalismo. Al menos no debe ser así en el proceso educativo. No necesitamos producir hombres nuevos y mujeres nuevas como salchichas, cerebros cuadrados como cubitos de hielo sacados de un molde. Distinto de eso, es necesario mantener nuestra esencia para que la capacidad crítica, inventiva y por tanto creadora, “los poderes creadores del pueblo para Aquiles Nazoa, resurjan y permitan el parto de la patria nueva, esa que soñó Bolívar y sigue siendo el sueño de los venezolanos. En este contexto de ideas nos preguntamos ¿Por qué un molde? ¿Por qué la escuela del campo debe ser la escuela de la ciudad? ¿Cuál es la escuela para la inclusión?

Sabemos de las innumerables investigaciones que se han desarrollado al respecto y sin menoscabo de las reflexiones presentadas con anterioridad, nos llama poderosamente la atención que se continúe replicando el modelo urbano en el medio rural.

Venezuela está conformada actualmente por 23 Estados y un Distrito Capital, cada Estado está conformado por municipios que en número varían, de acuerdo a decisiones políticas tomadas con anterioridad al proceso bolivariano. Cabe mencionar que estas decisiones, debieron responder a condiciones de autosustento y productividad de las regiones, para constituirse en Municipios. Es harto conocido que esos criterios no se respetaron y las divisiones se hicieron para generar espacios de poder para el compadre, el hermano o el compañero de partido. Es por ello que algunos Municipios, dependen del situado constitucional y algunos no cuentan con suficiente producción local para su propio sustento. Sin embargo, con estas circunstancias debemos lidiar.

Indistintamente de los criterios que privaron para su creación, tales decisiones provocaron el Estado burocrático actual, esto influye en la asignación del situado constitucional. Así mismo, esta división político-territorial genera diferencias considerables en la dinámica de vida de la población, influidas por su espacio natural, pero muy condicionadas también por el estilo de gestión de los gobiernos locales. De esta manera, dentro de cada Estado y en pequeño dentro de cada Municipio, existen diferencias considerables entre sus habitantes, adicionales a las correspondientes diferencias de clase ya estudiadas por Marx y Engel: son diferentes las formas de ocupación, su tradición laboral y fundamentalmente su relación con la tierra. No obstante, nada de esto niega el derecho a la escuela que tenemos todos los habitantes, previsto como derecho en la Constitución Bolivariana de Venezuela.

Bajo estas circunstancias, que determinan una gran diferencia entre el campo y la ciudad, podemos referir por ejemplo el calendario escolar: si hablamos de los niños del campo, quienes a temprana edad deben colaborar con sus padres en el trabajo de la tierra, podríamos pensar que una escuela pertinente debe insertarse en ese proceso y aprovechar junto al niño su experiencia, sin perder la tradición en su espacio. Pero ¿Cómo hacerlo? ¿Hay maestros para ello? ¿Cómo lo prevé el sistema?

Sin importar las condiciones, ambas actividades no deben ser mutuamente excluyentes; es decir, el niño no debe dejar de estudiar porque tiene que colaborar en el campo y no debe dejar de colaborar (que es su modo de vida) para poder estudiar. ¿Cómo hacer entonces con el calendario estándar, con el horario de 7am a 12m o el de 8am a 4 pm en el encierro de un aula? ¿Son pertinentes las R3? Así mismo, es necesario considerar que muchos de estos niños caminan a veces hasta más de dos horas para llegar a la escuela y en algunas oportunidades se encuentran, que el ímpetu incontrolable de la naturaleza ha impedido la llegada de su maestra, cuando no una reunión o … pare de contar cuantas razones o sin razones más. Hay algo evidente en todo esto y es que las condiciones de vida y de estudio de los niños del campo, no son iguales a las del niño de la ciudad. Por esta razón es necesario determinar claramente qué es inclusión para nuestros campesinos y cómo hacerlo.

Hay puntos irrenunciables en ambos casos, todos debemos saber leer y escribir. En ambos espacios (el campo y la ciudad) nos es útil saber sumar, restar, multiplicar, dividir. También creemos que hay contenidos generales que son básicos para todos, pero es necesario determinar con claridad cuales deben ser los contenidos específicos y ellos, deben surgir necesariamente de la participación y el conocimiento de las necesidades propias de la zona. Así mismo en el calendario, es importante considerar los tiempos y procesos propios del cultivo (preparación de tierra, siembra, fertilización, controles fitosanitarios y cosecha) y para la cría y ceba de ganado, el coqueo, tanto como los necesarios para lograr los objetivos escolares. Nuestro propósito en este sentido, debe ser unir lo útil con lo práctico, pero por sobre todo, darle sentido y pertinencia a un sistema educativo para una zona cuyo modo de vida define claramente sus necesidades.

Por otro lado, en estos espacios para el maestro que no es de la zona, la dificultad del transporte le impide llegar a tiempo el lunes a dar clase (1 día menos) y por lo tanto, si no se inicia a las 7 am, ese día no habrá clases. Así mismo, el viernes es necesario regresar temprano, por el mismo problema del transporte (otro día sin clases) y si agregamos la deserción que se presenta cuando los niños deben ayudar a sus padres, el escenario escolar adquiere matices preocupantes. Entonces, ¿Qué hacer?

Sin pretender sustituir la efectividad de la discusión en un grupo interdisciplinario, consideramos que en primera instancia la escuela campesina debe superar la noción de escuela que hasta ahora hemos tenido y en este proyecto debe estar incluido el maestro. Al respecto el artículo 29 de la constitución del estado Portuguesa, refiere acerca de la educación rural señala que “La educación rural tendrá un régimen que responda a su especificidad, de acuerdo a lo que establezca la ley. La autoridad de educación del Estado Portuguesa, podrá, según las necesidades y razones propias de los Municipios, adecuar el calendario y el horario escolar a los requerimientos locales”

Nuevamente nos preguntamos ¿Lo estamos estudiando? No nos consideramos eruditos al pretender una discusión sobre el tema, pero ciertamente es necesario más que por lo reglamentado, en aras de encaminar el proceso desde el escenario educativo, darle vida a este articulado. Es por ello, que consideramos nuestro deber preocuparnos y compartir lo que pensamos acerca de la educación como elemento fundamental y estratégico, parte de la Superestructura jurídico-política y que se desarrolla en cada rincón de nuestro país. También es nuestro deber continuar investigando, para contribuir desde nuestro hacer a impulsar los cambios necesarios. Estamos convencidos, que la respuesta a estas interrogantes se construyen en un trabajo planificado en el cual se incluyan de manera activa los actores de este escenario: los padres y madres, los niños y maestros del campo, la comunidad. No es una escuela rural estándar lo que se quiere, por las diferencias que hay entre las mismas comunidades las condiciones, intereses y necesidades varían y deben considerarse.

Son muchas las inquietudes que se nos vienen a la mente, después de conversar con nuestros compañeros del campo y saberlos tan claros de su rol en el proceso. Siendo así, ¿Por qué nos empeñamos en encerrarlos en el mismo modelo de las estructuras urbanas, si hasta la norma regional prevé la diferencia? ¿Es eso inclusión? En la ciudad las mujeres usamos las sandalias de tacón alto para ir a cualquier lugar, imaginemos a nuestras compañeras campesinas usando este calzado durante todas sus actividades diarias, tendrían sus pies maltratados por lo inadecuado del calzado. Para alguien podría significar incluir a la mujer del campo en la “moda”, hacerlas más sexys, no se… pensemos ¿Es lo que necesitan? Hasta los creadores de la moda, se las ingenian para proponer ropa y calzado apropiado según la zona ¿Qué pasa con la escuela?

Cuando el presidente Chávez habló con vehemencia de la necesidad de convertir “toda la patria en una escuela”, no creemos que hablaba de secuestrar la educación en cuatro paredes dentro edificaciones cuadradas, frías y lúgubres con medidas exactas y precisas. De igual modo, al hablar de igualdad de oportunidades, creemos que su discurso y el de muchos teóricos, va más allá de lo material, creemos que incluye el sentimiento y la identidad. Nuestros campesinos cambian una vista hermosa propicia para la imaginación, la creatividad que nuestro maestro Don Simón Rodríguez supo aprovechar, por esas paredes que les escinden de este escenario y que circunscriben su mundo a unos cuantos metros. Hay algo garantizado, allí aprenden la diferencia entre el encierro y la libertad.

Conociendo el proyecto bolivariano, creemos que las palabras de nuestro presidente coinciden más con la idea de creación de los círculos de estudio que hoy abundan en nuestro país, como lo interpretaron y aceptaron un gran número de venezolanos. Nuestros compatriotas han aceptado hasta ahora grandes retos planteados, entre ellos:

Fue necesario salir de la oscuridad que significa no saber leer ni escribir y una amplia mayoría lo logró.
Fue necesario salir a defender el proceso y vimos las calles repletas de compatriotas, reclamando el respeto por sus decisiones y restituyendo junto al ejército el orden constitucional.
Se presentó la necesidad de estar informados, en constante socialización de saberes, participar en cuanto proceso fuese necesario y en este momento más que nunca, una gran cantidad de ciudadanos son capaces de discutir acerca de lo que ocurre en el día a día Nacional y hasta internacional, con ideas claras y un profundo compromiso social.

Sin duda alguna, nuestro proceso está en construcción, pero la solidez de sus cimientos la encuentra en los sueños y esperanzas de este pueblo, en su voluntad. En esta iniciativa, no podemos excluir a nuestros compañeros del campo, quienes han adelantado mucho en nuevas y efectivas formas de organización y participación. Por ejemplo, las comunidades de la zona alta del municipio Araure en el estado Portuguesa, donde se desarrolla actualmente una escuela campesina. Los resultados de esta experiencia, servirán para evaluar y construir una propuesta ajustada a la vida en esa zona.

De igual manera, es emocionante participar en asambleas con estos compañeros y escucharles hablar de socialismo, sin clichés, sinceramente, desde su experiencia. Pero aún más emocionante es comprobar que es tanta su nobleza y esperanza en este proceso, que perdonan los errores y una vez y otra más, están dispuestos a darle una oportunidad a la revolución, convencidos que ese es el camino. Nuestros ciudadanos están cambiando y ahora exigen que se les cumplan sus derechos. La educación es uno de ellos.