Entrevista con Sami Mohieldin El Haj, periodista de Al Jazeera
Caroline Stevan

Le Temps

Traducido por Caty R.


El periodista de Al Jazeera Sami Mohieldin El Haj, ha pasado seis años y medio en la cárcel estadounidense de Guantánamo, ubicada en la isla de Cuba. Liberado a principios de mayo, ha viajado a Ginebra para dar testimonio de su calvario ante las Naciones Unidas.

Ataviado con un traje y corbata impecables a pesar de los 30 grados, gafas de montura dorada y empuñando un bastón, Sami Mohieldin El Haj parece un dandi. Hace sólo dos meses se hallaba entre «lo peor de lo peor», los presos de Guantánamo vestidos con pijamas de color naranja. El sudanés fue apresado a finales de 2001 mientras hacía un reportaje en la frontera entre Pakistán y Afganistán para la cadena de televisión de Qatar Al Jazeera.

Preso durante seis años y medio sin cargos, el periodista está en Ginebra para presentar su caso ante el Alto Comisario de las Naciones Unidas para los derechos humanos. Hay un procedimiento en marcha, gracias a la fundación Alkarama, para que se reconozca el carácter arbitrario de su encarcelamiento, previo a la actuación penal.

Háblenos de las circunstancias de su detención en 2001, ¿está relacionada con su trabajo de periodista?

Dejé Doha –donde trabajaba para Al Jazeera desde hacía dos años– en octubre de 2001 con el fin de cubrir la guerra de Estados Unidos contra Afganistán y la caída de los talibanes. Me detuvieron el 15 de diciembre de 2001 en la frontera paquistaní, a pesar de que tenía todos los papeles en regla. Los propios interrogadores me dijeron que debía de ser un error, que me liberarían enseguida. En realidad me detuvieron y he estado en prisión tanto tiempo porque trabajaba para Al Jazeera y a los estadounidenses no les gusta la forma en que esta cadena cubre los acontecimientos.

En el marco de sus investigaciones, ¿se entrevistó con talibanes o con miembros de Al Qaeda?

Sí, me entrevisté con Abu Hafs, considerado el número tres de Al Qaeda, pero estoy seguro de que mi detención no tiene ninguna relación con eso. En Afganistán entrevisté a personas de todas las opiniones, es mi trabajo. ¡Y si hubiera podido hablar con Bin Laden, lo habría hecho! Durante estos seis años y medio en prisión me interrogaron más de 200 veces: el 95% de las preguntas giraban en torno a Al Jazeera. Incluso me propusieron trabajar como espía para los servicios secretos estadounidenses en mi cadena de televisión.

Le trasladaron a Guantánamo en junio de 2002. ¿En qué condiciones estuvo prisionero?

¡Estábamos aislados, maltratados y sin ningún derecho, ni siquiera a la huelga de hambre! Hice varias –la última vez aguanté desde enero de 2007 hasta mayo de 2008, fecha de mi liberación– pero me hincaban tubos por la nariz para obligarme a tragar enormes cantidades de alimento que me provocaban vómitos y diarreas. Y durante ese «tratamiento», me ataban a una silla de forma que me resultaba imposible moverme. También nos impedían dormir, dejaban la luz encendida todo el tiempo, nos metían en celdas heladas, nos envolvían en banderas estadounidenses e israelíes, pisoteaban el santo Corán, nos desnudaban y además nos humillaban sexualmente.

Lleva un bastón. ¿Se debe a los maltratos?

Me obligaron a saltar del avión durante un traslado a la prisión de Bagram y se me rasgaron los ligamentos de la rodilla. Después las torturas –como obligarnos a estar en cuclillas durante muchas horas– han originado que no pueda curarme nunca.

¿Qué le ayudó a resistir durante esos seis años y medio?

Los periodistas debemos asumir que tenemos una misión. En 2001, cuando me fui a cubrir la guerra, dejé a mi mujer y a mi hijo de un año sabiendo que podrían pegarme un tiro. Era consciente del peligro. Después, cuando estaba preso, me dije que estaba allí como testigo, que debía recordarlo todo para poder contarlo después.

¿Tuvo contactos con su familia, con algún abogado, durante la detención?

Tuve acceso a un abogado a mediados de 2005, un británico que es un gran luchador por los presos de Guantánamo. En cuanto a mi familia, tuve algunos contactos gracias al CICR (Comité internacional de la Cruz Roja ), pero las cartas llegaban de forma irregular, a menudo con seis meses de retraso, a veces dos años.

¿Cómo explica su liberación?

Existe una gran movilización de ONG y periodistas, también hay un procedimiento en curso ante la ONU. Eso debió de presionar sobre Estados Unidos.

¿Cómo vive hoy?

Retomé mi trabajo en Al Jazeera, donde hemos creado un departamento de derechos humanos del que soy director. También voy a trabajar en un libro o un documental sobre mi experiencia. Sólo podré olvidarme de Guantánamo el día que lo cierren. Sigue habiendo 269 personas encerradas allá. Algunas se han vuelto locas.

Original en francés:

http://www.letemps.ch/template/international.asp?page=4&article=234984

Caroline Stevan es redactora de la publicación suiza Le Temps.

Caty R. pertenece a los colectivos de Rebelión, Cubadebate y Tlaxcala. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar a la autora, a la traductora y la fuente.