Enumerar fallas es más fácil que destacar aciertos

“Los críticos son los hombres que han fracasado en la literatura y las artes”
Benjamín Disraeli
Luis Alberto Matos


Es normal, fastidioso y repetitivo, escuchar a los opositores quejarse por cualquier cosa. Todo es culpa de Chávez: desde el tráfico en la autopista, hasta el cupo para comprar dólares. Casi que la caspa de algunos y el calor por las tardes son igualmente de su exclusiva responsabilidad.

 

 

Ahora hasta dá pena salir a defender al Proceso Bolivariano. Incluso algunos chavistas, para no aperecer como sumisos, estar a la moda o llamar la atención en las colas de pago, acogen ese formato que llaman “crítica constructiva”, cuya contribución, seguramente por incapacidad mía, no he podido hasta ahora evaluar debidamente, salvo las apariciones y citas de esos compatriotas en los medios opositores.

El nivel de queja de alguien, en cualquier asunto, indica igualmente su grado de satisfacción de necesidades. Cuando se insiste en la basura de Caracas, indirectamente se afirma que hay comida, agua, servicios de salud y escuelas. Desearían más de 60 capitales de naciones del mundo que la basura fuera su mayor mayor.

Algunas no tienen cloacas suficientes para poblaciones mayores que la nuestra. Muchas no tienen servicio de agua potable para la mitad de sus habitantes, ni empleo formal para el 80%. ¡Y no hablemos de comida!.

¿Quién se atreve a negar nuestros logros en alimentación, salud, educación, deportes, infraestructura, arte y atención directa al necesitado? Basta citar palabras claves: Mercal, PDVal, Barrio Adentro, Misión Milagro, Misión Robinson, educación universitaria.

Y al haber sustento, el desarrollo es factible. En los 80, Dudamel hubiera tenido el mismo enorme talento, pero… ¿las oportunidades hubieran sido las mismas? Deportistas natos siempre hubo, pero ¿alguna vez habíamos llevado más de cien a las Olimpíadas?.

Proyección mundial

En la década de los 40 hubo dos señalamientos groseros sobre nuestro país. Hitler dijo: “Hasta Venezuela, país de tuberculosos, se ha atrevido a declararnos la guerra”. En paralelo y en este continente, el Ciudadano Kane decía que el Presidente de Venezuela le había enseñado a mover las orejas. Dos burlas públicas que pasaron a la historia y nadie protestó.

En algo más de medio siglo, ya no nos ven simplemente como folklórico país bananero, sino hasta como una amenaza a los intereses de los poderosos. No será por el incremento de comunicaciones y la internet, porque también existen en todos aquellos países a quienes en el Norte catalogan como “países aliados en desarrollo”, a quienes los Tratados de Libre Comercio y el Banco Mundial “generosamente van a ayudar para consolidar la democracia occidental”.

Ahora existen Petroamérica, Alba y Unasur. Y los imperialistas lo saben. ¿O es otra la causa de su «acercamiento» militar con el vecino?.

Política petrolera

Sin Chávez, y todos lo saben, el petróleo no tendría los precios de hoy. Tampoco existiría la unidad mundial de productores. La OPEP ya no es la lacaya de finales del siglo XX.

Y ese ingreso, por la venta soberana de nuestros hidrocarburos, se refleja también en las quejas de fanáticos opositores y críticos constructivos. El colmo es oirlos como piden “respetar la propiedad privada para posibilitar empleo”, mientras en paralelo escriben que “somos un país de gran ingreso petrolero que no necesita aliarse con empresarios”.

Sentido de pertenencia

Pero quizás el logro mayor, porque nos posibilita conseguir los otros, es que el pueblo, ese que sigue siendo pobre porque en diez años no se superan cinco siglos de explotación, tiene ahora muchísimo mas concienda de lo que Venezuela hoy representa y lideriza en el mundo.

Como nos dijo Mónica Chalbaud: “Si están de moda las críticas al Proceso Revolucionario Bolivariano, pues pongámonos a la moda: ¡Denunciemos los logros! Que muchos de ellos están como escondiditos y son cosas que antes nunca habían ocurrido”
jaquematos@cantv.net