Las fuerzas mágicas versus el reino de Satanás.
Ricardo Abud

El compañero presidente, Comandante Hugo Chávez, es un pedagogo contemporáneo, un hombre con una gran sensibilidad social y riqueza espiritual, soñador (utópico, como todos), pero sumamente pragmático.

Es aleccionadora cada intervención pública en la cual hace gala de esa inmensa capacidad pedagogía para explicar lo que concibe como el proyecto de todos los venezolanos, hoy, más allá de nuestras fronteras: el Socialismo como convicción de vida y como un modelo de sociedad extremadamente humanista. Una carga reflexiva de amor hacia un pueblo que, en su mayoría, no unifica el pensamiento con el líder, parece no entenderlo en su totalidad.

Ayer Hugo Chávez, en el acto de condecoración de nuestros jóvenes deportistas, se refirió a esas fuerzas mágicas que, por designio de alguien, nos han de guiar en la construcción del Socialismo y la libertad.
Para muchos compañeros que abrazan el dogmatismo como fuente de su racionalidad, les resulta contradictorio el discurso del líder. Ser revolucionario, para algunos compatriotas, es entender que el ser social determina la conciencia como principio filosófico marxista y dependiente de un pasado que permanece estático en el tiempo y el espacio. No pueden convalidar la revolución espiritual del alma, de ese ser social, el humanismo que crece como caudal inagotable de amor hacia el prójimo.
Es difícil responder ¿por qué Venezuela se ha preñado de esas fuerzas mágicas?, No lo creo. Venezuela es un país inmensamente próspero cuantitativamente, fuertes reservas de oro negro, fuentes hídricas incalculables, tierras fértiles y un sin fin de riquezas que es difícil cuantificar. Lo cualitativo es el recurso natural renovable que representa la bondad del venezolano, el amor con que HOY mira la vida llena de esperanzas, estamos montados en un proceso de cambio muy significativo, donde las escalas de valores son otras, y los recursos éticos van de la mano con el proyecto político. En principio es sumamente difícil de entender, especialmente por aquellos que se abogan liderazgos absurdos, al margen de la realidad política que nos toca vivir en tiempos de Revolución.

Entendemos la concepción de una sociedad socialista en teoría, de manera autodidacta, (estamos aprendiendo a ser más humanos y solidarios), pero no la comprendemos en su aplicación práctica. No asumimos la revolución del espíritu, ni queremos interiorizarla para asumir con responsabilidad los designios de esas fuerzas mágicas que nos han elegido para construir y consolidar un proyecto más que material, humanista, apegado a concepciones universales que abarquen lo más granado del pensamiento. El amor, como fuerza divina, es una de las variantes de esas fuerzas mágicas. Venezuela ha comenzado una tarea fundamental en el cambio de paradigmas. Hoy es, por defecto, espejo del mundo que lucha por su libertad. Hacia adentro, no lo hemos materializado en pensamiento. Sólo conjuramos y validamos una esperanza, pero no la asociamos al todo. Sólo la hemos particularizado de manera efímera, con poco sentido de pertenencia. La falta de compromiso es una limitante.

El compañero Fidel Castro, a través de sus reflexiones, nos está legando las premisas de esas nuevas concepciones que hacia lo espiritual y lo humano han de desarrollarse. A nuestro comandante Chávez le ha tocado la nada fácil tarea de su interpretación, desarrollo y aplicación. Conceptualizando al mundo como un todo, alcanzar la mayor suma de felicidad de TODOS. Hoy somos muy solidarios en al campo cuantitativo, pero cualitativamente no expresamos sentimientos claros del lenguaje indisoluble del nuevo pensamiento y precepto filosófico que queremos adoptar: Humanismo y espiritualidad.

No podemos concebir al mundo, a nuestra sociedad en pleno proceso de conformación, como un modelo que nos permita la acumulación de bienes materiales, ni medir nuestra independencia, libertad y felicidad por lo que hemos acumulado bajo el imperio de Satanás (Capitalismo). Mantenemos una dependencia de cuerpo y alma con el pasado que no nos permite avanzar, estamos ligados hasta la médula a esos valores sembrados en nuestro subconsciente, somos esclavos de nuestra propia ignorancia ancestral.

Hablamos de revolución sin sentirla, sin practicarla, sólo la asociamos a nuestros intereses particulares, aceptamos los logros de la Revolución como si de una deuda se tratara (es una deuda social), con derechos. No difundimos nuestros logros, no los discutimos, sólo convalidamos. Tiene el líder que ilustrarnos en los logros, tiene el líder que hablarnos de las tropas élites que representan nuestros cien compañeros que participarán en las Olimpiadas, nadie, nadie lo magnifica. Es sólo un hecho más.

Sin pensarlo, asumimos esa dosificación insensata de la derecha mediática que no reconoce LOGROS, para ellos Venezuela sigue estática, no ha avanzado, se quedó en el tiempo de la cuarta república. No queremos mirar más allá de nuestros propios intereses, el egoísmo nos inunda de perversidad y nos relega al campo de la intrascendencia. Ellos siguen haciendo su trabajo.

Por otro lado, algunos vemos con preocupación que no se canaliza la sensatez, la trascendencia, el amor, la espiritualidad y el humanismo. No termina de despertar del letargo que mediaticamente nos imponen aquellos que han querido vender nuestra Patria y que no descansan en su planes por desvanecer los designios de esas fuerzas mágicas, estamos inmersos en una lucha entre el bien y el mal.

Debemos hacer consciencia, nuestra Revolución es necesario interiorizarla, y entender lo que en ella va implícito, nos jugamos el futuro de la humanidad, a riesgo de que me llamen demente, fanático. Venezuela, Cuba, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, entre otros países, representamos el eje del bien y Venezuela, por designio, el motor en la construcción y consolidación del socialismo humanista y espiritual que ha de garantizarnos la paz y el desarrollo armónico y en equilibrio RACIONAL de nuestras vidas.

NO HAY NADA MÁS EXCLUYENTE QUE SER POBRE.

Patria, Socialismo o Muerte…
Venceremos.

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