Siento compasión por lo que siente tu corazón.
Zulay Farías M.-

Nunca, nunca, he comprendido las críticas estúpidas que siempre te han hecho por hablar de (y con) Rosinés a través de los medios audiovisuales e impresos. Por el contrario, he admirado en ti esa enorme capacidad de amar, de amar en los momentos más difíciles, más tenaces de tu vida: algo así como estar en medio de un furioso mar, con un salvavidas, y cargarte de más coraje, de más valentía, movido por la audacia del amor bueno, ese que se da con valor, con orgullo, con necesidad urgente y verdaderamente humana. Pues en ese momento eres capaz de la mayor y mejor entrega, y ofrecer el salvavidas a otro.

De verdad, amigo Comandante, que te ha tocado duro el vivir. Ojalá que en lo personal pueda tu pueblo contribuir con el sosiego que íntimamente necesitas para soportar tanta bajeza.

Siempre he pensado que como padre has intentado ser un gran padre, y que esa forma de velar por Rosinés, de acariciarla por televisión para que ella sienta que ahí estás tú, que nunca la has abandonado, que ella está perenne en tu corazón, que le tienes tomada su manita para ayudarla a transitar por esta vida, manita que tomas y aprietas con fuertes y tiernos finísimos hilos de plata que sólo tú y ella pueden ver y sentir, y que a los ojos de muchos son imperceptibles; esa forma es imprescriptible porque es vital para tu alma.

Siempre me ha conmovido cuando le cantas, cuando le recitas, cuando en lenguaje comprensible para ella le dices que te inspiró para tomar alguna decisión política como aquella de cambiar la posición del caballo blanco de nuestro escudo; han sido impostergables momentos de amor para decirle a Rosinés de cualquier manera «Hija, estoy contigo, estamos juntos a pesar de las adversidades». ¡Cuántos hijos! en este planeta han sido retrasados en amor, en atención paterna, postergados por diversas razones por sus padres, y en consecuencia, se han convertido en resentidos, en incapaces sociales, destructores luego de sus propios hijos porque no recibieron el riego amoroso de un padre, y en consecuencia no pueden ofrecerlo a otros.

Esos son los que hoy te señalan: ricos en verdadera pobreza, que por tres lochas de las antiguas exhiben con sorna a través de programuchos y panfletos tu necesidad inaplazable, porque el tiempo es inexorable, no atiende a súplicas, de amar a Rosinés, y sobre todo la imperiosa necesidad de que ella comprenda que ni la distancia ni las adversidades los separarán.

Chávez, los egoístas, los estrechos de mente, los que no sé que tienen que hacer en este mundo jamás entenderán los lazos de amor que te unen a Rosinés porque ellos jamás los experimentaron y eso con seguridad llenó de odio, y por eso hoy son vulgares complacientes de nuestros adversarios, sólo sirven para arrastrarse mental y físicamente, para mercadear de manera obscena la vil materia de la que están hechos y recibir el estipendio carroña que los alimenta para obtener la energía que sostiene a sus innobles cuerpos.

Son minusválidos mentales carentes de equilibrio emocional y de valores supremos, carentes de esa CONSTITUCIÓN INTERNA llamada MORAL que cuando estamos a solas, en verdadera introspección nos dice que es lo correcto para el bien propio y para el resto de la humanidad.

Marisabel Rodríguez es una más carente de nobleza, es una perversa, una pobre pobrísima mujer que ni DIOS, ni Rosinés, ni la HISTORIA la absolverán.

Presidente, Hugo, Chávez: Contigo siempre.