Entrevista con Antonio Navarro Wolff, ex líder del M-19 y dirigente del Polo Democrático Alternativo
Pablo Stefanoni
Revista Archipiélago
La Paz, Bolivia, abril-mayo 2008

“Si la política va mal, lo militar se va marchitando. Y eso le está pasando a las FARC”

«Mientras haya FARC, habrá Uribe. Esa es la ecuación»

«Uribe es el Bush o el Aznar de Suramérica, sólo que con más éxito militar. Por supuesto es un proyecto neoconservador que va mas allá del propósito de derrotar a la guerrilla»

Antonio Navarro Wolf es una figura legendaria de la izquierda armada colombiana, pero desde que el Movimiento 19 de abril abandonó las armas, se dedicó a poner en pie una alternativa de izquierda legal. Orador carismático, formó parte de la Asamblea Constituyente que redactó la Carta Magna de 1991, senador y alcalde de Pasto, el pueblo donde nació en 1948. Como comandante del M-19 –organización que en 1985 protagonizó la resonante ocupación del Palacio de Justicia– participó en los acuerdos de 1990. En un diálogo con Archipiélago desde Colombia, el actual gobernador de Nariño, departamento fronterizo con Ecuador, y dirigente del Polo Democrático dice que Uribe es un Aznar colombiano y asegura que “con una FARC firmando la paz, la izquierda llega al poder. Con ellas en guerra, ello es casi imposible”. Entretanto, la última encuesta de Gallup, en plena crisis andina, elevó la popularidad del mandatario colombiano hasta el 84 por ciento.

-Luego de la muerte del comandante de las FARC Raúl Reyes, el presidente venezolano Hugo Chávez pidió un minuto de silencio para un «héroe revolucionario» (creo citar literalmente). ¿Coincide con esa caracterización?, ¿Las Farc son una guerrilla como las que conoció América Latina en los 70?

No cabe duda que Raúl Reyes era un revolucionario. Equivocado, sectario, stalinista, prepotente y otros calificativos similares, claro, pero era una persona que formaba parte de un proyecto político. Quienes lo catalogan como bandido están equivocados, están simplificando la realidad. Lo que pasa es que el camino de los revolucionarios de las FARC está totalmente en contravía de la historia actual de Colombia y de América Latina. La continuidad del alzamiento armado en Colombia es no sólo un anacronismo sino un obstáculo objetivo para conseguir cambios democráticos profundos en nuestro país. En nombre de la revolución se le está ayudando a la contrarrevolución. Además, la prolongación enorme de la guerra colombiana, la ha deteriorado a extremos inimaginables. Se ha llegado a aceptar de una manera brutal que el fin justifica los medios. Y ello afecta a todos los actores del conflicto. Las Farc narcotrafican, secuestran y ejecutan campesinos sin recato alguno. La derecha paramilitar corta con motosierra a personas vivas, asesina a miles y justifica todo ello como una necesidad. El Estado apoya a los paramilitares y viola territorio de países vecinos con total convencimiento de estar haciendo lo necesario para conseguir resultados. Por eso la continuidad de la guerra no tiene la menor justificación y es una equivocación espantosa seguir por ese camino.

-¿Cómo vivió la población colombiana este golpe a la guerrilla y la crisis regional que la siguió?, ¿cómo afectó el apoyo al presidente Álvaro Uribe?

La población colombiana siguió la operación militar contra Raúl Reyes y sus posteriores desarrollos con gran interés y en general, con un importante respaldo al presidente Uribe. Además, en la medida en que se volvió un conflicto internacional, apareció un sentimiento nacionalista fuerte, apoyado por la enorme solidaridad que rodea la situación de los retenidos por las FARC, especialmente la de Ingrid Betancourt, hoy el personaje público con mayor imagen favorable en Colombia. Eso sí, la solución al impasse en la reunión del Grupo de Río permitió a todo el mundo respirar con tranquilidad. Finalmente en Colombia nadie quiere una guerra con los vecinos. Con la que tenemos dentro del país basta y sobra.

-¿Cuál fue la reacción social frente a las liberaciones de rehenes?

Toda liberación de rehenes es recibida con mucha alegría. Yo diría que ese tema es hoy el más importante para la opinión pública colombiana. Después de las imágenes de Ingrid Betancourt en un estado de lamentable delgadez y de las declaraciones de algunos liberados acerca de su mal estado de salud, la balanza de opinión en este tema se ha estado inclinando cada vez más contra las FARC, por su terquedad de no ponerla en libertad. Lo paradójico del asunto de la liberación de los rehenes, que aquí conocemos como «el acuerdo humanitario», es que al no lograrse una solución en Colombia por la rigidez de las posiciones de Uribe y de las FARC, está resolviéndose, traumáticamente, en los países vecinos. Venezuela y ahora Ecuador terminan envueltos en conflictos con el gobierno colombiano por su participación en conversaciones con la guerrilla buscando -y en el caso venezolando, logrando- la liberación de rehenes. Mucho mejor habría sido un acuerdo interno y se hubiera resuelto el asunto sin llegar a los problemas con nuestros vecinos que aún no se arreglan totalmente y que pueden generar nuevos momentos de tensión en el futuro.

-Colombia es uno de los pocos países donde líderes reformistas –o «populistas»- como Jorge Eliécer Gaitán fueron asesinados, ¿la violencia proviene finalmente de unas elites reacias a una verdadera democratización y a una real apertura política a los sectores populares?

La violencia actual en Colombia tiene su origen en que la última guerra civil del siglo XIX se produjo en nuestro país a mediados del siglo XX. El asesinato de Gaitán en 1948 desencadenó un conflicto armado entre el partido liberal en la oposición y el gobierno conservador, conflicto que produjo más de 200 mil muertos en 9 años. Después de ese período de violencia, el acceso al poder político se cerró por 40 años para quienes no fueran miembros de uno de los dos partidos tradicionales, lo cual produjo un renacer guerrillero en los años sesenta y setenta. Pero la continuidad de esa guerra en el siglo XXI no tiene sentido, entre otras cosas porque ese bipartidismo excluyente es cosa del pasado y hoy el acceso al poder para la izquierda es perfectamente posible por las vías electorales.

-Un argumento de la guerrilla es que cuando intentó transitar una vía legal con la Unión Patriótica en los ochenta miles de sus dirigentes y militantes fueron masacrados, y que es el país con más sindicalistas muertos, ¿cómo convencerlos entonces para que dejen de lado la vía armada a partir de su propia experiencia en el M-19?

La masacre de los miembros de la Unión Patriótica fue una realidad terrible y totalmente inaceptable en los años ochenta. Pero hoy las cosas son distintas y por ejemplo nuestro partido, el Polo Democrático Alternativo, cuenta con las garantías de seguridad básicas para ejercer su acción políticas, en este partido están hoy como miembros todos los sobrevivientes de la antigua Unión Patriótica.

-Muchos dicen que las FARC ya no buscan la toma del poder. ¿Qué buscan en su opinión las FARC?

Las FARC siguen creyendo en la posibilidad de la victoria armada de la revolución. Creo, sin embargo, que los acontecimientos de los últimos años deben estar haciendo que revisen este concepto, pues han perdido la iniciativa militar por un período ya prolongado y si bien se han defendido con cierto éxito, una guerrilla sin iniciativa llega al punto en que le es totalmente imposible alcanzar el poder. Y esa pérdida de la iniciativa tiene sobre todo razones políticas, más que militares. Recuerden que un conflicto guerrillero es un conflicto político- militar, en ese orden. Si la política va mal, lo militar se va marchitando. Y en mi criterio, ello le está sucediendo a las FARC. No significa que estén al borde de la derrota, pero sí están frente a la imposibilidad de la victoria. Y en esas condiciones, el único camino razonable es un acuerdo de paz.

-Además de sus posiciones guerrerista, Uribe aparece encarnar un proyecto más amplio, ¿el uribismo promueve una suerte de «revolución conservadora»?

Uribe es el Bush o el Aznar de Suramérica, sólo que con más éxito militar. Por supuesto es un proyecto neoconservador que va mas allá del propósito de derrotar a la guerrilla.

-Desde fuera de Colombia llama la atención el apoyo masivo de la población a Uribe, ¿los colombianos se acostumbraron a vivir en guerra?

Al contrario, los colombianos queremos salir de la guerra. Y Uribe, ayudado por la terquedad de las FARC, les está predicando a mis compatriotas que esa paz está en la punta de los fusiles. Su popularidad radica en que ha conseguido mejoras sustanciales en seguridad y ha logrado un repliegue evidente de las FARC. Mientras haya FARC, habrá Uribe. Esa es la ecuación.

-Muchos hablan de los costos de la guerra pero también son muchos los que viven –y se enriquecen– con la guerra…

Claro que hay quienes medran en la guerra. Pero sinceramente, creo que quienes están en el campo de combate, de todos los lados, no quieren más guerra, a pesar de seguir en ella. Es una especie de trampa de la cual queremos salir, sin conseguirlo.

¿Hasta dónde la existencia de grupos armados como las FARC obstaculiza un desarrollo de la izquierda colombiana?

Con una FARC firmando la paz, la izquierda llega al poder. Con ellas en guerra, ello es casi imposible.

-¿Cree que Polo Democrático puede ser una salida progresista para Colombia?, ¿cómo?

El Polo agrupa el 100 por ciento de la izquierda legal en Colombia. Nuestro perfil va desde la socialdemocracia de izquierda, hasta las tradicionales agrupaciones marxistas. En ello somos una experiencia singular en América Latina