¿Hasta cuándo zopilotes?
Ángel V. Rivas


De nuevo el veneno cerebral de la Conferencia Episcopal se manifiesta contra la Revolución Bolivariana. El núcleo central de eso que se nombra religión católica que habita por Montalbán, lanza su carga de TERRORISMO contra el gobierno electo por la mayoría. No se cansan los lúgubres sotaneros que se hacen llamar ministros de Dios, ¿de cuál Dios?, de mantener la conducta de enfant terrible, algo que no les luce ni que se vistan de mono corriendo. «Tan lejos de Dios y tan cerca de las iglesias», diría un filósofo popular, de esos que no comen cuentos de glorias e infiernos, porque para los hombres valientes la gloria está en ser útil a la patria y el infierno lo forman esos parásitos que además de no trabajar nunca se esconden entre largos gabanes para minimizar sus taras cromosómicas.No les gusta la Revolución del pueblo, por algo será. Muchas historias se han escritos sobre estos religiosos. Una de ella fue que llegados a América, lo primero que hicieron fue construir una iglesia en cada pueblo, para rellenarles la cabeza a los habitantes de esos lugares con santos que aparecían en ríos y mares sobre tablita, sobre tablita un tablón, que mantenían diálogos en los desiertos con dioses infinitos y en vírgenes que fornicadas por rayos, ¿láser? descendían del cielo para preñarlas in situ. Un ABORÍGEN PENSÓ: ¿qué murió por mí?, ¿y qué fue lo que yo hice para qué muriera por mí allá tan lejotote?

Bueno es un negocio y hay que defenderlo. Con el dinero que hay en el Vaticano se aplacaría el hambre de los que sufren de ella en todo el mundo. Los llamados ministros de Dios acudieron a la inocencia del pueblo, a la tranquilidad espiritual de las mujeres y a la de ciertos hombres y allí depositaron sus huebecillos, para que se fuera formando eso que hoy se conoce como, «la religión católica»…él me ve desde arriba, él está pendiente de mi…él ama a los niños», ¿por qué carajo un Dios con tanto poder va a estar pendiente de un niño que agoniza de hambre en un lugar de África?, ¿DE UN NIÑO VIETNAMITA, que corre envuelto el llama de Napal entre los arrozales a orilla del Mekong? ¿Qué puede importarle una niña deformada bajo el grisoso cielo de Hiroshima? Yo no soy un ateo, ni un carajo: soy un ser humano que ama a la humanidad, que sufre cada vez que un proyectil cae del cielo de la aviación gringa y destroza una vivienda en Irak o Afganistán. Pero los zamuros nacieron para que fueran los ministros de sanidad de la tierra: o sea para que se comieran todo, pero que nadie comiera de ellos. (Si me van a quitar la identificación, que mis padres sin mi autorización, me adjudicaron al llevarme al bautizo católico, pues que le echen bola; yo creo es en el amor puro y en las moléculas de oxígeno que exhala mi pueblo)

La farsa continúa. Dentro del recinto de la iglesia, son unos ángeles y arcángeles. Hablan de que «Dios os ama», de que «lanzó a su hijo unigénito para que muriera por todos». Dicen que, «compartid tu pan con los menesterosos», pero jamás van a un cerro a una orilla de quebrada, a una noche por El Guayre a suministrarles una hogaza a esos infelices que han caído en la desgracia de la droga. No llevan la palabra al cerro, al menesteroso, al que sufre de enfermedad, al que anhela un plato de lentejas, a la joven madre que habita en promiscuidad, no van a decirle nada al preso que cayó en desgracia por culpa de una sociedad que lo ignoró siempre y en la cual ningún cura habita en un cerro.

Pero andan arrechos con Chávez, porque ellos son parte de aquellos fariseos que llegaron en los barcos de Colón a colonizar cerebros, a sembrar mamones machos, a resquebrajarles las mentalidades a quienes tenían sus dioses animistas o lo que fuera. Son mentirosos y sólo defienden a quienes son capaces de dejarles los «diezmos» al morir, ¿pues, qué carajo puede dar un pobre a la iglesia que no sea su entrega total de fanatismo? Besando estampitas, poniendo velas, adorando silencios, persignándose, mientras a Ratzinger sus secretarios tienen que despojarlo de la mitra, segundos después de colocársela para ciertos eventos, pues la misma es un arca de preciosas piedras, que vale millones de Euros? ¡¡Por qué!!

No quieren a Chávez y a la Revolución y al no hacerlo, desprecian al pueblo que lo ha elegido muchas veces y en él cual ese soberano sí cree, porque lo hecho hasta ahora así lo demuestra. Odian a la Revolución Bolivariana, porque no conciben a los pobres graduados en universidades en escuelas técnicas, en TSU, porque para ellos, «pobre sólo sirve para cargar la cruz». Pero algo es cierto: cada día que pasa esa iglesia pierde más feligreses, porque no existe algo más terrible para un cura, que meterse con la imagen de carne y hueso a la cual no le hacen falta oraciones ni velas, regalos ni flores, para que ayude a los pobres a mitigar el gran dolor, que les han causado los religiosos oligarcas de la historia.

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