NUESTROS CAMPESINOS…
ASESINADOS Ó DESAPARECIDOS
José Varela El Charrúa Latinoamericano

Un compañero revolucionario casi suplicando me dice siempre:
“ José y el obrero…para cuando”
Cada vez que nos vemos tenemos la misma charla…
El con sus argumentos y yo con los míos.
Cuantos siglos fuimos esclavos…cuantas generaciones fuimos explotados…tantos fueron masacrados. No podemos cambiar todo de un día para otro, no es fácil el camino que debemos recorrer.
“José cuando el hambre llega… la paciencia no es buena consejera”……
No se si fue por nuestra charla ó por señales que llegan a mi mente…
En la noche tuve un triste sueño…
Un grupo de campesinos asesinados yacían caídos en los suelos de nuestro llano…
Un suelo enlodado de sangre, la misma sangre del obrero campesino asesinado por la avaricia del explotador.
La tristeza que me produjo mas dolor en mi sueño…
fue la mirada triste y perdida de un niño que no paraba de llorar junto a su padre caído.
No hablaba, solo lloraba.
Desperté de madrugada a mitad de la noche…
¡¡Y no pude seguir durmiendo!!
La carita del sufrimiento del niño perseguía mis pasos…
Fue conmigo al baño, me siguió a la cocina cuando intentaba tomar un café…
Siempre en silencio, pero las lagrimas seguían corriendo.
Me senté frente al computador con la necesidad desgarradora de escribir…
Y al tratar de empezar a escribir…en el sofá de la sala…
El niño me hablo:
“Mi padre nunca tuvo un pájaro en cautiverio…el me enseño la importancia de la libertad”
Fui testigo de la tristeza de él, cuando vio un amigo mío cargando una “china”.
En la noche me explicó, que ellas son la razón que se ahogue el trinar de una bella melodía.
El niño ya no lloraba…
En su relato pude percibir ese algo en su voz…
que reflejaba la emoción y el orgullo de hablar de su padre.
De pronto quedo en silencio…
En un lapso de segundo, disparo como un rayo sobre mi corazón indefenso…
la pregunta que aun hoy retumba en mi mente:
¡¡Señor!! conoce usted la mejor Orquesta Sinfónica del mundo que no necesita director ni ninguna partitura
Me quede mudo…pero seguí escribiendo…
Un amanecer mi padre…me tomo de su mano y me hizo sentar junto a la ladera del río y me dijo: Escucha hijo mío… el embrujo que envuelve nuestro hogar
Oye esos pájaros como agradecen a la vida por un nuevo amanecer y nos regalan su bello trinar…mira muchacho como los vientos acarician las copas de los árboles y ellos felices
parecen danzar con la brisa…mira tu potro carajito, con su melena al viento y en su relincho intentando enamorar nuevamente a su compañera…
¡¡Cierra tus ojos muchacho!! y descubre el mágico sonido del río que baja por la ladera acariciando las rocas de su entorno…
escucha…escucha el zumbido de las alas del Colibrí, que son las notas mas hermosas de una canción para lograr que las flores abran su corazón… las mismas que retoñan día a día y con su fragancia parecen como que nos regalan su alegría…
Ríe…ríe conmigo hijo mío…“Que somos los felices espectadores… de esta sinfonía sin fin”
El niño rompió en llanto y con su voz entrecortada me decía…
Con la sangre derramada de mi padre…mataron también mi alegría.
Donde esta mi música que ya no la oigo…los pájaros ya no cantan para mi… a mi potro ya no lo veo galopando en la llanura…
solo me dejaron la risa de mi padre dibujada en el firmamento de mi mente…
¡¡Porque señor…porque me lo mataron!!
Antes que la sombra del niño se desdibujara del sillón de mi sala…Grite sin darme cuenta: ¡¡Muchacho!!“Donde quiera que la muerte nos sorprenda, será bien recibida, mientras nuestro grito de guerra sea escuchado” Ernesto Che Guevara.