Negocie una vueltita sr. Rector.
(Pobres estudiantes sin conciencia)


A veces pienso que he perdido la capacidad de asombro, pero cierro los ojos y al abrirlos entro en razón, eso es imposible. Nunca en mi vida pensé podría ser testigo de un espectáculo tan deprimente, donde un rector de la casa que vence las sombras, intercediera ante la policía metropolitana, o el Vice-ministro del Poder Popular de Interior y Justicia, para que salieran de forma “pacifica” de las instalaciones de la UCV, estudiantes para dar una vueltita por la plaza Venezuela, en clara señal de protesta ante la medida de no renovación de la concesión a rctv.

Quedé profundamente sorprendido, al ver que esos jóvenes estudiantes, que dicen estudiar en la “casa que vence las sombras”, llegaran al extremo de verse sometidos por sus propios caprichos. Entendí, Venezuela es otra.

No puede ser, la Venezuela que nos tocó vivir en lo años sesenta y setenta, donde al fragor de la lucha revolucionaria, los estudiantes éramos el pilar de todas esas justas luchas, donde los niveles de conciencia estaban muy por encima del promedio. Nunca un rector (toda la vida representaron los intereses de las minorías, con una que otra excepción) tuvo que interceder por permisos para lo que en justicia queríamos reclamar al gobierno de turno, NUNCA nos humillamos a ninguna autoridad universitaria, nuestra dignidad NUNCA ESTUVO EN VENTA, y a nadie solicitamos permiso para salir de las instalaciones de la UCV a protestar por lo que en ese momento pensamos era una causa justa.

Todo este proceso de sumisión, entreguismo y pasividad comienza con el nuevo diseño educativo que pretendía privatizar la educación venezolana, y la introducción de tantos elementos que cercenaron el derecho del estudio de las grandes mayorías, la prueba de actitud académica como forma excluyente, ha sido y representa la perversidad de ese nuevo modelo de “excelencia” en la educación”, modelo dentro del cual, la exclusión de las grandes mayorías era el objetivo final.

Hoy la UCV en su conjunto está conformada, mayoritariamente, por jóvenes que proceden de los liceos privados del este caraqueño, jóvenes que durante 5 años de preparación en bachillerato pagaron por su educación básica grandes sumas de dinero y hoy estudian de manera gratuita en las Universidades públicas, mientras que los jóvenes de nuestras barriadas, las grandes mayorías, los de escasos recursos, son los que al verse excluidos de las Universidades públicas, deben recurrir a las universidades privadas, y realizar esfuerzos muy grandes para poder graduarse, en caso de no verses forzados a abandonar sus estudios.

Los filtros para acceder a la educación Universitaria gratuita se han propagado de facultad en facultad y hacen hoy día muy difícil el continuar estudios universitarios. En recorrido por las diferentes facultades (Medicina, Odontología, Arquitectura, Relaciones Internacionales e Ingeniería) de la UCV, es fácil observar la falta de similitud entre estudiantes. Los patrones para la selección son variables, desde cupos que son otorgados a trabajadores de la propia universidad, como los que son vendidos, sin contar los pocos que se otorgan por las pruebas internas, simple requisito de “actitud democrática” de ahí la gran diferenciación entre estudiantes, del que mucho tiene al que no tiene nada, esto es precisamente lo que ahoga la protesta estudiantil, niños y niñas bien, de cooler en mano a la hora de salir a protestar como sociedad civil por los derechos de Marcel Granier para seguir jodiendo al pueblo venezolano. Si este hombre hubiese sido un buen padre, como dice Albertico, seguramente no hubiese expuesto a su gran FAMILIA, compuesta por más de 3000 mil empleados de acuerdo a cifras que ellos suministran, no hubiesen tomado el camino corto de la sedición, hubiese protegido a su FAMILIA, de 3000 miembros, y jamás hubiese hecho de esa, su casa (canal), un brazo armado de mentiras, manipulaciones, de la contrarrevolución. Marcel Granier nunca quiso a su familia, así de sencillo. Nunca fue un buen padre.

Hoy los estudiantes Universitarios pretenden tomar la calle, unos piden permiso para dar una vueltita por la Plaza Venezuela, ya no tienen cojones para defender algo en que ni ellos mismos creen, otros cierran las autopistas bajo la mirada cómplice de las autoridades locales. No hay conciencia, las marchas de estos disociados, enfermos, son producto de la manipulación mediática, el odio es sólo el reflejo de la miseria de aquellos que quieren tomar nuevamente el poder para terminar de masacrarnos. No lo lograrán, de continuar en las calles, van a encontrar un pueblo sin paciencia y dispuesto a devolver la tranquilidad a las calles. Estudiantes títeres al servicio de sus verdugos.


Patria Socialismo o Muerte…
Venceremos.

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