CUIDADO, SEÑORES, ¡CUIDADO CON LO QUE HACEN!

Por su propio bien, no estaría demás que respeten por una vez al Pueblo

Martín Guédez

No creo que haya manera más segura de perder una partida, un combate o lo que sea, que subestimar al contrario. Después de 9 años –tiempo de sobra- de palizas propinadas por Chávez y el pueblo, la burguesía criolla y sus amos no terminan de entender. Se empecinan en no levantar la mirada de sus ombligos. Chávez es un zambo bruto, militarote inculto, simio descocado y el pueblo venezolano, chusma, hordas, tierrúos, pedigüeños, caterva, gentuza y pare usted de contar. Mi experiencia entre la gente es que vendrán con todo a por lana y podrían salir trasquilados. El caso RCTV ha servido para motorizar todas sus fuerzas y estamos realmente frente a una amenaza real. Hace pocas horas asesinaron de 14 tiros a nuestro dirigente sindical de la construcción, Antonio Chacón Brito, en Carapita. En los sectores altos de Petare es visible el movimiento de paracos que han sido sembrados en el corazón de la capital de la República.

En los días aquellos de diciembre de 2001, cuando la derecha ponía en ejecución el globo de ensayo de un paro patronal escribí unas reflexiones que titulé «¿Revolución bonita y también pendeja?» Como pueden suponer quienes no lo leyeron o no lo recuerdan -las dos cosas son de alta probabilidad-, se trataba de un llamado a las enceguecidas falanges del derechismo más atroz para que pensaran un poco en la gravísima responsabilidad que estaban asumiendo frente a la historia por la cuota de muerte y violencia que provocarían con sus acciones golpistas.

Dos cosas fundamentaban mi hipótesis: de un lado la convicción de que, al estar frente a verdaderos procesos revolucionarios, vale decir aquellos que no pueden controlar con lo que podríamos llamar «el dulce encanto de la burguesía», la reacción recurrirá siempre a la violencia, al terror y las malas artes, antes que desprenderse de un átomo de sus privilegios. Por otro lado, la abierta persuasión de que el proceso bolivariano había encarnado en el pueblo y éste es capaz sobre las bases de su conciencia, su moral y el horror a la esclavitud, de presentar la más dura batalla por la defensa de sus conquistas por tanto tiempo soñadas y por igual tiempo luchadas.

En esa oportunidad le recordaba a estos siniestros sectores que la guerra civil más cruenta que se haya librado -cualitativamente hablando- en país alguno tuvo como escenario nuestra sufrida tierra venezolana: la Guerra Federal. Confrontación larga y cruentísima que diezmó hombres, animales, construcciones y sueños hasta regresar a la patria al fondo de la prehistoria, provocando una movilidad social, vertical y horizontal de tal magnitud que de ella -no obstante la traición consecuente y el vil egoísmo que otra vez triunfó- surgió una sociedad profundamente conmocionada desde sus cimientos, pues no quedó títere con cabeza y una buena parte de la godarria oligárquica tradiciónal perdió sus cabezas junto a sus fortunas y sus históricos privilegios.

La razón histórica de aquellos sucesos está inscrita en el desconocimiento de instrumentos legales prescritos por El Libertador, como el Decreto de Confiscaciones y la Liberación de los Esclavos, sumados a la conocida ley del «Toma y Quita» de marzo de 1834 que colocó a la población nacional en las manos de los banqueros, obra del círculo antibolivariano que encabezó en su momento el Dr. Peña y protegió José Antonio Páez. Un pueblo que construyó la independencia sobre el sacrificio de una guerra larga y penosa veía burladas todas sus ilusiones, sueños y esperanzas para ser devuelto a situaciones aún más penosas que las soportadas durante la Colonia.

Hoy -la carmonada lo demostró con claridad meridiana- de nuevo se pretende burlar las esperanzas de un pueblo. Chávez no es para la oligarquía criolla y sus amos imperialistas un fin en sí mismo, del mismo modo que no lo fue en su momento la persona de El Libertador en sí misma. El fin último fue el ideario bolivariano. Hoy es el ideario que representa Chávez plasmado en la Constitución Bolivariana y el proyecto del Socialismo del Siglo XXI, como lo estuvo en los decretos revolucionarios, populares y justicieros de El Libertador.

La Oligarquía canalla no tiene ningún interés o escrúpulo personal ni respeto por nada ni nadie que no sean sus bolsillos. Bolívar habría muerto en su cama y aclamado por la oligarquía de no haber sido por sus ideas reivindicadoras y su afán de justicia popular. Chávez sería hoy por hoy el llanero más bello y simpático para esa misma oligarquía sino fuera por su compromiso irrenunciable con el pueblo.

Jesús de Nazareth pasó tres largos años predicando en las sinagogas y afirmando desde el primer día que era el Hijo de Dios sin causar más que ligeras molestias al poder establecido, hasta el momento en el cual, tomando un látigo los llamó ladrones, cobradores de peaje y mercaderes de Dios. En ese momento y no antes, Anás, mirando la escena junto a Caifás, le dijo a este: «Este hombre esta poniendo en peligro la nación. Es preferible que muera un hombre a que se pierda un pueblo». Obsérvese que la historia no es nueva: hoy como ayer, cuando sus bolsillos están en peligro, en acto de prodigiosa magia estos mismos, históricamente engordados con sangre de pueblo, pasan a llamarse: nación, pueblo, sociedad civil, democracia, libertad de expresión, familia, educación, juventud, etc., etc.

El momento crucial para la puesta en marcha de la conjura a cualquier precio fue -como ustedes pueden ver, con el perdón de los Robertos- la amenaza cierta a sus intereses. Desde luego, Cristo, Bolívar y hoy Chávez representan eso: una amenaza cierta a sus históricos intereses y privilegios. Seríamos portadores de un estandarte bonito pero además bobito, si creemos que han cejado en su empeño. Ellos saben lo que se juegan y por eso presentan toda su artillería y su capacidad de maniobra, aunque el pretexto haya cambiado. Primero fue aquel decreto 1011, luego la Ley de Tierras, más tarde el derecho a la meritocracia de aquellos miserables apátridas de PDVSA, y en este momento, «el cierre» de RCTV y la «libertad de expresión». El pueblo revolucionario sabe bien lo que está en juego. Nada más y nada menos que lo que dista entre civilización y barbarie. Tampoco olvidemos que el error necio de Carmona al autojuramentarse sin controlar las calles no volverán a cometerlo. El pueblo aprendió mucho de aquellos días de abril y del sabotaje petrolero de diciembre 2002 y enero de 2003…ellos también, que nadie lo dude. El asalto al poder no sería como el de 2002, sería mucho más parecido al asalto de Pinochet.

Déjenme recordarles que morir por nuestros sueños de justicia y humanidad es quizás el modo más sublime de encontrar la muerte para un ser humano digno, pero también dolorosamente inútil y por ello intolerable e inaceptable. No estaría alarmado si no sintiera la amenaza real y cierta. Atacar con todo y jugarse a Rosalinda parece ser la última de las aventuras de un grueso sector de la burguesía y el imperio gringo. El llamado a estos sectores apátridas y golpistas es similar al que formulé en diciembre de 2001: que le eviten a esta tierra, a este pueblo y a sí mismos tantos dolores porque hoy, con mucha mayor convicción que entonces, creo que si llegaran a medio rozar las mieles del 11 se conseguirán la amarga hiel de un 13, sólo que esta vez de contundencia impredecible. ¿La razón?, de ocurrir el zarpazo el pueblo no volverá a esperar por la acción de ese armatoste miserable que conforman la Fiscalía y el Poder Judicial. En esta oportunidad el pueblo está cansado y arrecho. Digo esto en plena sintonía con el pueblo humilde. El pueblo hará justicia. Por ello, señores de la burguesía y clase media disociada, háganse y hágannos a todo un gran favor: ¡Respeten de una vez a este pueblo o aténganse a las dolorosas y terribles consecuencias para todos! ¡Si llegaran a ponerse en el gobierno, lo harán sobre las cenizas!